La Almería de los años ochenta frente a la de hoy: ¿cuál gana?
El bienestar, el medio ambiente, la educación o la economía han transformado la provincia en los últimos 45 años

Vista aérea del Puerto de Almería
A comienzos de la década de 1980, Almería era una provincia que intentaba dejar atrás décadas de aislamiento. Su economía dependía principalmente de la agricultura tradicional, el paro apenas superaba el 5% y la inmigración aún no había transformado su demografía.
Cuatro décadas después, el retrato socioeconómico es otro: más población formada, un mercado laboral menos castigado que en los años de la crisis, una provincia más conectada, con mejor renta mínima, más vehículos y mayor protección ambiental. Pero también hay sombras —como el aumento del número de suicidios o el estancamiento en la construcción de viviendas— que completan un retrato de contrastes.
Los datos del Instituto de Estadística y Cartografía de Andalucía (IECA) permiten reconstruir cómo ha cambiado Almería desde la década de los ochenta hasta mediados de la actual. Y lo que muestran es una transformación profunda y desigual, tanto en la economía como en los hábitos y en la relación con el entorno.
El espejo económico
La evolución del sector de la vivienda es quizá una de las imágenes más claras del vaivén económico almeriense. En 1983 se terminaron 4.460 viviendas en la provincia, una cifra modesta que fue creciendo hasta alcanzar los 9.469 en 1990. En el año 2000 se registraron 5.846, pero el verdadero boom llegó con la burbuja inmobiliaria: en 2006 y 2007 se superaron las 21.000 viviendas finalizadas.
El estallido de la crisis financiera fue devastador. Entre 2011 y 2015 apenas se acabaron un millar anualmente —solo 310 en 2015—, lo que tradujo el desplome de la construcción y el desempleo que marcaron esa década. En los últimos años hay síntomas de recuperación, con 1.442 viviendas terminadas en 2024, pero el ritmo sigue muy lejos del que produjo el frenesí previo a 2008.
Otro indicador económico clave es el tráfico aéreo. En 1980, pasaron por el Aeropuerto de Almería 235.686 pasajeros; una cifra que se triplicó antes del cambio de siglo y alcanzó su máximo en 2007, con más de 1,19 millones. Desde entonces el flujo ha sido irregular: 681.646 viajeros en 2015 y unos 796.000 previstos para 2025, muy por debajo de los niveles récord, pero con una tendencia de recuperación moderada.
El mercado laboral también refleja los vaivenes del ciclo económico. En 1977 la tasa de paro global era del 5,75%, una cifra baja para los estándares actuales, aunque en un contexto económico completamente distinto. En 2013, tras la crisis, el desempleo provincial se disparó hasta un 36%, superando ligeramente en las mujeres (37,3%) la tasa masculina (35%). En 2025, con la economía más estabilizada, el paro ha vuelto a niveles más contenidos: 13,86% en total, aún alto pero cercano a la media andaluza.
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Más formados
El cambio educativo ha sido, sin duda, una de las grandes revoluciones silenciosas de la provincia. En 1980 apenas 5.337 mujeres mayores de 16 años contaban con estudios superiores, frente a 8.321 hombres. Treinta años después, en 2010, las almerienses formadas a nivel universitario casi habían multiplicado por diez esa cifra, hasta las 49.981, mientras que los varones con estudios superiores eran 39.252.
En 2025 el número de mujeres con formación universitaria supera ya las 78.000, frente a un total de 61.898 hombres. El descenso del analfabetismo es otra cara de esa transformación. En 1980 más de 39.000 personas adultas en la provincia no sabían leer ni escribir. En 2000 esa cifra se había reducido a menos de la mitad (15.380), aunque el dato repuntó en 2010 hasta los 27.988. En 2025, el total de población analfabeta de 16 o más años se estima en 16.616 personas, un número todavía significativo pero impensable hace cuatro décadas.
En conjunto, la Almería actual está más formada, con una población femenina mucho más partícipe de esa mejora. La brecha de género en la educación, que en los 80 era pronunciada, parece haberse cerrado e incluso invertido.
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¿Vivimos mejor?
El bienestar social presenta una evolución dual: por un lado, ha habido mejoras sustanciales en materia económica y de derechos; por otro, surgen nuevas señales de preocupación.
El salario mínimo interprofesional ilustra claramente el aumento de la capacidad adquisitiva. En 1980 un trabajador cobraba 137 euros mensuales equivalentes al cambio actual. Diez años más tarde ya eran 301, y en el 2000 ascendía a 425. En 2025, el SMI se sitúa en 1.184 euros, casi nueve veces más que al inicio de la serie.
Sin embargo, la evolución del número de suicidios matiza este bienestar. En 1980 se registraron 26 casos en la provincia, y en 2025 la cifra asciende a 73, lo que supone un aumento del 181%. El dato revela una tendencia que se ha mantenido relativamente estable desde los noventa, pero con un crecimiento global preocupante, asociado al envejecimiento de la población y a problemas de salud mental que en los ochenta apenas se visibilizaban.
En resumen, los almerienses de hoy disfrutan de mejores salarios, mayor formación y más recursos públicos, pero también enfrentan desafíos ligados al estrés, la precariedad y las dificultades psicológicas.
Crecen las zonas protegidas
En el terreno medioambiental, la transformación es radical. En 1980 no existía ningún espacio natural protegido en Almería. Una década después ya se habían reconocido nueve, y en 2015 la cifra alcanzaba los 18.
En 2025 hay 23, resultado del esfuerzo institucional por conservar ecosistemas únicos como Cabo de Gata-Níjar. El mismo cambio se percibe en el litoral. En 1993 la provincia contaba con 13 playas con bandera azul. Ese número descendió temporalmente hasta 10 en 2008, coincidiendo con años de deterioro ambiental y falta de inversión, pero ha repuntado con fuerza: en 2025 son 35 las playas distinguidas, el triple que al inicio del registro.
Este avance refleja una conciencia ambiental cada vez más arraigada. La Almería que en los años ochenta apenas tenía figuras de protección hoy se sitúa entre las provincias con más superficie preservada y con un litoral más reconocido internacionalmente.
Casi 0,80 coches por almeriense
El cambio en la movilidad resume bien la transformación social. En 1986 circulaban por la provincia 128.819 vehículos. En 1999 ya eran 288.630, y al comienzo de la crisis, en 2008, se alcanzaban 465.167. Pese al frenazo económico, el parque automovilístico siguió creciendo lentamente hasta los 487.000 en 2015. En 2025 la cifra supera los 611.000 vehículos, casi cinco veces más que cuarenta años antes.
Teniendo en cuenta que la población a principios de este año está en 782.020 personas, da una estimación de unos 0,78 coches por persona, por los 0,30 que había en 1986.
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