La soledad elegida gana terreno en Almería: "Tener pareja está sobrevalorado"
Las proyecciones del INE indican que para 2039 uno de cada tres almerienses vivirá solo

Vivir solo es una elección cada vez más común.
Las relaciones sociales cambian a un ritmo acelerado. En los últimos años, la soledad elegida es una opción cada vez más aceptada, pero no hace tanto que estar soltero suponía un estigma difícil de eliminar. Ser un 'solterón' o una 'solterona' implicaba una profunda presión social e incluso, en el caso de los varones, se hacía notar en el bolsillo: de 1925 a 1967 en España existió un 'impuesto de soltería' para los hombres mayores de 25 años que no tuvieran pareja, ya fuera por viudedad o decisión propia, una medida del Estado que tenía como objetivo fomentar el matrimonio y la natalidad.
Sin embargo, la sociedad muta, y sus valores y arquetipos, también, hasta el punto de que lo que antes era una deshonra, hoy en día es motivo de celebración. Tal es así que el 11 del noviembre se celebra el Día del Soltero, una conmemoración que viene de China y que utiliza ese día del calendario porque el número uno representa a una persona sola.
Casarse, tener hijos y formar una familia ya no es la opción predominante, y los modelos familiares actuales son tan diversos que aquella estructura tradicional de nuestros abuelos parece casi una reliquia. En este amplio abanico de posibilidades, cada vez son más las personas que deciden vivir solas, lo dicen los datos: según la proyección de hogares del Instituto Nacional de Estadística (INE), para 2039 1 de cada 3 almerienses vivirá solo.

Recorte del diario El Sol. 10 de febrero de 1926.
La soledad elegida
"Tras estar muchos años viviendo en pareja y experimentando lo mejor y lo peor de ambos mundos, no puedo negar que hay cosas de estar en pareja que echo de menos, como el llegar y conversar, la interacción afectiva. Sin embargo, no echo de menos tener que oír el que me ordenen hacer tareas domésticas, el tener que estar viendo en televisión lo que no quiero ver o comer lo que no quiero comer, por ejemplo. Actualmente estoy bastante feliz de estar en soltería, me produce una satisfacción emocional el sentirme plenamente libre", confiesa Johnny, un joven treinteañero residente en el Poniente almeriense.
Esa sensación de libertad de la que habla es uno de los puntos comunes entre las personas que escogen vivir solas, una visión que también defiende Víctor, de Almería capital: "Yo llevo viviendo solo desde los 16 o 17 años y me encanta vivir solo porque me ha hecho conocerme mejor a mí mismo... Me encanta hacer las tareas de la casa, vivir en armonía con mi orden, con todo 'limpito'. Cuando tengo alguien en casa, me gusta porque al final compartes tiempo con otra persona, pero a veces me agobia un poco. Ese espacio mío para estar solo, para estar conmigo mismo, lo valoro mucho".
Por descontado, esa variedad de modelos familiares también se refiere a cambiar a las personas por mascotas. "Una pareja solo trae problemas y nada positivo, prefiero mil veces vivir con una mascota que con una persona. Creo que vivir en pareja está sobrevalorado y es algo que nos viene culturalmente de otras generaciones, pero la sociedad cambia en todo, en esto también", apunta Martina, de 31 años.
¿Aguantamos menos?
Uno de los factores que parece influir en esta tendencia es la revisión del "para toda la vida". Sin ir más lejos, los datos en cuanto a la duración de los matrimonios reflejan un marcado descenso de los años que 'aguantamos'. Si durante los 80 y 90, la duración media de los matrimonios que se disolvían era superior a 20 años, a finales de los 90 la duración media bajó a 18-19 años, cifra que se sitúa en la actualidad en 16,3.
"Las relaciones son muy volátiles y es difícil también tener una pareja y que haya compatibilidad, y mucho más a la hora de convivir. Además, si uno se acostumbra a estar solo, es más difícil adaptarse. Espero seguir viviendo de forma independiente, salvo que aparezca alguien que sea tremendamente compatible con mi estilo de vida, lo cual es difícil", apunta Johnny en este sentido.
Víctor, aunque reticente, sí se ve 'cediendo' con el paso del tiempo a una vida en pareja: "Es un proyecto a futuro. Hay que compaginar mucho el tema de la limpieza, coordinarse, división de tareas... y ese tipo de cosas me dan un poco de pereza al estar tan acostumbrado a hacerlo solo. Me echa un poco para atrás amoldarme a otra persona, pero, bueno, es algo necesario que se hará en un futuro".
Un problema como una casa
Sin embargo, querer no siempre es poder, y los cambios de tendencia chocan con la realidad, sobre todo para los más jóvenes. El informe Un problema como una casa del Consejo de la Juventud de España (CJE) revela que el 87% de los jóvenes independizados comparte vivienda, y cuatro de cada diez destinan más del 40% de sus ingresos al alquiler, una proporción considerada de riesgo por la UE. Solo el 14,8% de los menores de 30 años logra emanciparse y, de estos, casi la mitad convive con tres o más personas, en ocasiones con desconocidos.
Esta situación está asociada a salarios bajos, alta inseguridad laboral y precios del alquiler desorbitados. La presidenta del CJE subraya que “no es emanciparse, es sobrevivir” y señala el impacto negativo en la salud mental y el bienestar de los jóvenes.
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Alberto Godoy