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Adictos al encierro de San Fermín

Adictos al encierro de San Fermín

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Una fiesta universal como es sanfermín puede vivirse desde Roquetas como si se estuviera en la Plaza de Toros de Pamplona, al menos por unos minutos. En el Puerto, la Peña San Fermín lleva quince años haciéndolo. La atracción que ejerce el encierro matutino de los toros les unió entonces y continúa uniéndoles todas las mañanas del 7 al 14 de julio. La propia peña se ha vuelto parte del espectáculo.

Su Cuesta de Santo Domingo es el Café bar de los Pescadores, que regenta Jeromo, orgulloso de ostentar el título de “bar más antiguo de Roquetas”. Allí, en sesiones de encierros a las ocho de la mañana, se gestó la peña. Y año a año, su fama ha ido creciendo hasta verse ahora fotografiados y filmados por decenas de curiosos que, como ellos, acuden a las ocho de la mañana. 

Como los mozos

Los miembros de la peña  pasarían inadvertidos en Pamplona, pero en Roquetas se distinguen con facilidad: pantalón y camiseta blanca, pañuelico y faja roja..., viven la retransmisión como auténticos mozos.

Y desde hace más de diez años comparten con los corredores que están en Pamplona la rutina previa al inicio de la carrera: “Cantamos al Santo, como lo hacen en el encierro, y después lanzamos un petardo, en lugar de un chupinazo”, explica Antonio, uno de los miembros del curioso grupo. 

Los minutos de recorrido por las calles navarras se vive con la tensión y emoción de los auténticos aficionados. Son muchos años viendo y comentando los detalles, hasta conocer las curvas, los rincones peligrosos, las mejores estrategias. Eso sí, a través del televisor. “Alguno de nosotros sí que ha estado alguna vez en la fiesta, pero la mayoría no”, dice el portavoz, “y yo estoy entre la mayoría”.

Un sueño que quizá algún día puedan cumplir, pero que por ahora ya casi alcanzan de ocho a ocho y cuarto durante los ocho encierros que se celebran en las fiestas navarras.

Una moto toro

Su deseo de emular a los pamploneses les llevó el año pasado a crearse su propio toro. Con unos cuernos atados a una moto que arrancaron después de ver el encierro real consiguieron recrear la guía de los astados de forma simbólica y atraer aún más la sorpresa y curiosidad de los vecinos y turistas.  “Pero lo malo de la moto es que dejaba mucho humo”, recuerda Antonio, “por lo que este año decidimos no repetir la experiencia”.
Los miembros de la peña huyen de crear molestias y, aunque reconocen que alguna vez un vecino les ha recriminado el ruido de los cantos, “cerramos las puertas y ventanas del bar y ya está”. El año que viene piensan en la posibilidad de  convertir una bicicleta en un toro.

Y tras comentar los detalles del encierro del día, los ‘mozos’ vuelven a sus casas, se cambian y se dirigen “cada uno a su trabajo” con la energía de haber empezado el día transmitiendo su afición.

Sus reuniones se limitan a las sesiones matutinas y no han realizado nunca ni chupinazo de comienzo de sanfermines ni despedida con el tradicional ‘pobre de mí’. Estas dos otras tradicionales reuniones en Pamplona tendrán que vivirla allí.


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