Los 24 residentes de Puerto Salud, “echados a patadas”
Los 24 residentes de Puerto Salud, “echados a patadas”
Engaño, trampa, desconsideración, estrategia oculta... El testimonio de los familiares de los ancianos que hasta ayer residían en el hotel Puerto Salud muestra la indignación de quienes se sienten “echados a patadas” de su casa. El pasado lunes, recibieron una llamada en la que se les comunicaba que a partir del uno de julio, el hotel dejaría de prestar servicio asistencial para convertirse en un hotel turístico “normal”.
“Entiendo que la empresa puede hacer lo que quiera, al ser una propiedad privada, pero no entiendo esta actitud, este trato vejatorio”, describe Juanjo Moreno, cuya madre ha vivido en la residencia desde septiembre.
Sin margen Para Moreno, Kross Hoteles, que se hizo con el hotel en noviembre, demuestra una enorme falta de desconsideración ya que obliga a personas desvalidas a buscar otro lugar de residencia en tan sólo 13 días: “No tenemos margen, podrían habernos dado de plazo hasta septiembre, haber avisado antes...”.
Pero no lo han hecho, aventura, José Jesús Sánchez, otro de los afectados, “para no perder ni un euro”. La empresa, considera, “ha jugado con los residentes, familiares y trabajadores de un modo muy tramposo”.
Su madre es una de las 24 residentes con las que cuenta el hotel actualmente. “Ella lleva cuatro años pero hay algunos que llevan doce o trece”, subraya José Jesús. Durante este tiempo, el hotel ha pasado por distintas manos “pero nunca se ha notado nada” en el día a día del centro, “hasta principios de este año”. Fue entonces cuando los empleados -“que siempre han tenido un trato profesional con los residentes”, destaca- comenzaron a movilizarse por llevar varios meses sin cobrar. “Mi madre ha seguido de cerca todos los avatares de los empleados, se ha preocupado por ellos”, explica el afectado.
Un sucio engaño Esa preocupación llevó a José Jesús y sus hermanos a dirigirse directamente a la empresa para preguntarles cuáles eran sus intenciones. “Dijeron que no iba a cambiar el servicio, que lo iban a potenciar”, recuerda.
La misma respuesta obtuvo Juanjo Moreno: “Nos insistieron en que no nos preocupáramos, que se iba a mantener, que los problemas se debían a que estaban recién llegados”. Las frases tranquilizadoras y el conocimiento de que el hotel tenía una ocupación aceptable para cubrir los gastos, les llevó a dejar de buscar otra residencia, un cambio traumático para una persona mayor y dependiente, como es el caso de la madre de Moreno, de 90 años.
Por eso, se sienten absolutamente engañados por “una estrategia deleznable que sólo demuestra la falta de respeto a los usuarios”, concluye José Jesús, que sólo desea “que toda la sociedad sepa lo que esta empresa ha hecho con los mayores”.