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Un cachalote varado en el Cabo de Gata acabará en el Parque de las Ciencias

Un cachalote varado en el Cabo de Gata acabará en el Parque de las Ciencias

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En 2006 quedó varado en las playas del Cabo de Gata, en la zona de Las Salinas, y en poco tiempo podrá verse en una de las salas del Parque de las Ciencias de Granada. Se trata de un cachalote macho de 14 metros de longitud que ha sido extraído de la arena para forma parte de un proyecto expositivo y servir para explicar la evolución desde nuestros antepasados marinos hasta el hombre de nuestros días.
Pero hasta que quede expuesto, este cetáceo pasará por un largo proceso que permitirá que su esqueleto muestre la majestuosidad de la ballena que ha sido.
Karangua, una empresa especializada en taxidermia, réplicas de animales en resinas sintéticas, dioramas y limpieza de huesos y montaje de esqueletos, recibió el encargo del Parque de las Ciencias de localizar un cetáceo para su proyecto expositivo. A partir de ahí, comienzan a investigar y contactan con la red de varamiento de España desde donde les avisan de dos casos, uno en Asturias y otro en Almería. Finalmente, y tras contactar con la Junta de Andalucía, con Costas, con el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar y con el Ayuntamiento de Almería y conseguir todos los permisos, los diez miembros del equipo de Karangua vinieron hasta la playa y comenzaron a trabajar.
Los restos se hallaban a algo más de dos metros de profundidad, por lo que hubo que meter maquinaria, aunque luego se continuó trabajando a mano, explica Mari Ángeles Prieto, taxidermista y propietaria de la empresa, quien destaca que “el esqueleto estaba completo, hasta los huesos más pequeños, los dientes e incluso los cartílagos de la cola”. De hecho, quedaban restos de piel y grasa hasta el punto de que “olía mucho, nos decían que el olor llegaba hasta el pueblo”.
Prieto destaca que el trabajo resultó “más fácil de los que esperábamos y todas las administraciones nos dieron todas las facilidades posibles”.
Ahora, queda la limpieza, desengrasado y desodorizado de los restos del animal y comenzar la restauración de los huesos rotos o dañados para, después, montar el esqueleto. “La idea es darle una postura natural, y en función del lugar en el que vaya a quedar expuesto, se coloca de la forma más adecuada”, comenta la experta.
Así, este cachalote que hace años acabó sus días en las playas almerienses, podrá tener una segunda oportunidad.


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