Juan, el albañil jubilado que murió en la explosión de un bar cuando iba a ver salir a la Macarena
El fallecido en la explosión de La Posada, de 81 años, pasaba por la puerta del bar cuando se produjo la deflagración

Juan tenía 81 años, estaba jubilado, e iba a ver salir a una de las cofradías del barrio, la de la Macarena. Él es el hombre que falleció como consecuencia de la explosión que tenía lugar en la tarde del Miércoles Santo en el bar La Posada, a solo 300 metros de la iglesia parroquial de San Ildefonso, abarrotada de cofrades, costaleros, músicos...
Juan era albañil y ahora disfrutaba de su jubilación. Era vecino del barrio, conocido y querido, y la mala suerte hizo que pasara por la puerta del bar en el momento menos oportuno. Unos segundos antes o unos segundos después, el final de esta historia habría sido muy distinto.
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De hecho, en ese momento Juan iba junto a Loli, una vecina y amiga residente en el Paseo de la Caridad. La amistad de Juan con Loli y su marido, que era un pequeño constructor con un negocio de reformas en la calle Restoy, hacía que habitualmente acompañara al matrimonio. La forma de pasear de esa jornada le salvó la vida a Loli: ella iba unos metros por delante, avanzando calle abajo hacia la Plaza de Toros; él iba por detrás.
Así, Loli solo tuvo que ser atendida de algunos cortes provocados por cristales que saltaron por los aires con la explosión. Para él, sin embargo, la explosión fue mortal.
Viudo y sin hijos, Juan acompañaba a Loli en la fatídica tarde del Miércoles Santo a ver, precisamente, la salida de la Macarena. No en vano, un nieto de ella toca en la Banda de Cornetas y Tambores Santa Cruz de Almería, que acompaña musicalmente al paso de misterio de la Sentencia, de la Hermandad de la Macarena.
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Sin embargo, no llegaron a tiempo. Ella fue atendida de los cortes en el propio centro de salud del barrio de la Plaza de Toros, situado precisamente frente al bar La Posada. Él, falleció en el lugar de los hechos.
Loli está recuperada y, aunque el susto le quedará para siempre, hoy ya puede contar lo que vivió en la fatídica tarde del Miércoles Santo. Las sobrinas de Juan lloran su fallecimiento, protagonizado por la mala fortuna de estar en el peor momento en el lugar menos indicado. Luis, el propietario de La Posada, lucha mientras tanto por su vida en la Unidad de Quemados del Hospital Universitario Virgen del Rocío, en Sevilla.
Y todo un barrio habla hoy sin parar de un suceso que difícilmente se olvidará: el Miércoles Santo en el que La Posada saltó por los aires, cortándole la respiración a los vecinos de la Plaza de Toros.