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La epidemia más mortífera para Vera: 619 muertos en dos meses

La fiebre amarilla asoló la zona por culpa quienes se saltaron las prohibiciones de movilidad

Fumigaciones realizadas en España con motivo de la fiebre amarilla siglos atrás.

Fumigaciones realizadas en España con motivo de la fiebre amarilla siglos atrás.La Voz

Guillermo Mirón
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Que las imprudencias y la irresponsabilidad en tiempos de pandemia salen caras no es algo que hayamos conocido ahora, cuando las restricciones de movilidad abunda por todo el país para hacer frente al coronavirus. Hace algo más de dos siglos, el municipio de Vera y buena parte de su comarca quedó asolado por la fiebre amarilla.

Es cierto que, tal y como es sabido, una de las grandes virtudes de conocer la historia es que ayuda a no repetirla. Lo malo es que, al parecer, hay partes de la historia que no se conocían debidamente. Basta con ojear el excelente archivo municipal de Vera para conocer cómo la fiebre amarilla causó en tan solo dos meses 619 muertes y otros 700 fallecimientos el año siguiente a su llegada, que se produjo por la irresponsabilidad (o ignorancia) de dos hombre. Fueron Juan Rodrigo (originario de Antas) y el veratense don Nicolás de Guevara quienes burlaron los cordones de seguridad que se impusieron en Cartagena y Valencia, trayendo la enfermedad hasta Vera tras visitar dichos municipios.

Una vez que regresaron a Vera, la transmisión masiva de la enfermedad ya fue imparable. "Al volver se saltaron el cordón sanitario que se estableció y a raíz de eso los mosquitos como vectores empezaron a picar a la gente", transmitiendo así la fiebre amarilla, tal y como recuerda el archivero veratense, Manuel Caparrós. 
 
Lo ocurrido en ese entonces ha quedado plasmado sobre todo "en los registros sanitarios" elaborados "por un grupo de cinco o seis personas que se dedicaban todos los meses a escribir actas sobre sanidad", con pasajes como "el de la peste de Garrucha...". Dichos registros son los que recogen las "más de 1.500 muertes" que hubo en rotal en Vera como consecuencia de la fiebre amarilla.

Según esos mismos documentos, como respuesta a la epidemia se habilitaron lugares de cuarentena ubicados en el Pago de la Gorrica así como en las ermitas del Espíritu Santo y de San Antón. Por desgracia, prácticamente todos los vecinos que permanecieron en la ciudad (un 10% aproximadamente del total) terminaron falleciendo, lo que da una idea del desastre que produjo la enfermedad. Todo ello, según los archivos, "por no poder emigrar ni establecerse en Garrucha, donde sí fueron en los primeros momentos los 'principales' de Vera,  por medio de una papeleta que los vecinos pobre de consiguieron "después de rebelarse por la evidente injusticia de ser tratados como vecinos de segunda", tal y como resumen desde el archivo.

En cuanto a la llegada de la enfermedad, los primeros enfermos "se dieron en la calle Ancha" y poco después "varias personas debían recorrer la ciudad constantemente acarreando cadáveres amarillentos que se enterraban rápidamente en una fosa común". Como anécdota recogida también por los historiadores, el cura de la localidad "huyó aterrorizado" en los primeros momentos, dejando a sus ayudantes "la peor labor".

"La mayoría de los que se quedaron sanos durmiendo al raso durmieron durante esos meses hasta que más tarde las casas y calles se fumigaron con azufre de Benamariel", Todo hasta que en 1881 se descubrió que el mosquito era el responsable de la transmisión de esta enfermedad, lo que fue clave para que más tarde, allá por 1937, se desarrollase la vacuna que acabó con la fiebre amarilla. Un final que, pese a las diferencias en el impacto y la catástrofe causada, es el mismo que se espera para poder terminar con la actual pandemia de Coronavirus que afecta a todo el planeta.

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