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La crisis lleva a las chatarrerías a clientes ocasionales por unos euros

La crisis lleva a las chatarrerías a clientes ocasionales por unos euros

Javier Adolfo Iglesias
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En los últimos meses, las chatarrerías y centros de recogida de residuos especiales han visto cómo se han sumado a sus habituales proveedores otros nuevos movidos por la crisis.
El típico chatarrero de profesión al que se le ve con un carrito metálico del Pryca y un montón de hierros retorcidos se cruza ultimamente con el almeriense que ocasionalmente decide llevar en persona sus hierros, cables y elementos metálicos antes que dejarlos junto a la basura para que se lo lleve otro.
Así lo confirma Jesús Sierra, gerente de uno de estos centros con más movimiento junto a la capital. “Antes tiraban las lavadoras, las bicicletas viejas, pero ahora no, vienen y nos las venden”, afirma este profesional intermediario entre las personas que se desprenden de su desechos metálicos y las plantas recicladoras fuera de Almería.
“A mi me ha llamado gente para coger anillas de las latas de refrescos. Vienen mucha gente así pero nosotros no lo aceptamos”, afirman desde Hermanos Muñoz, en La Mojonera, que solo trabaja con empresas y autónomos de forma especializada material eléctrico.
Sierra sitúa este cambio de costumbres y tendencias mucho más atrás en el tiempo, en el año 2008. “Antes venían mucho los talleres y las constructoras, ahora no. la gente se ha queado parada”, asegura.
El precio no se regatea,  y aunque no es el mismo para cada chatarrería sí que viene marcado por la referencia de las siderurgias de Sevilla, Jerez o Barcelona. No vale lo mismo el acero, el hierro, que el cobre o el latón. Todo se pesa por separado.
Por un termo eléctrico de ochenta litros se pude obtener cinco euros. Mucho más que dejarlo abandonado junto a los contenedores de basura.
Otra variante de la chatarra que ha visto cambios por la crisis es la de los desguaces de automóviles. Desde una de estas empresas nos aseguran que hoy día ha bajado  un 70 por ciento el negocio de venta de piezas usadas a talleres de reparación. “La gente no tiene dinero y regatea ahora por cualquier pieza aunque valga 50 euros”, afirma un empleado de un desguace cerca de Almería. Por un coche de 15 años de gama media pueden pagar 100 euros, pero incluso hay que ver primero si por el lugar en el que esté compensa enviar la grúa.


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