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Dos jóvenes almerienses devuelven la vida al parque de bolas más mítico de Aguadulce

"Venía aquí cuando era pequeña y ahora lo llevo junto a mi pareja. Es un sueño hecho realidad"

Débora y José Francisco junto a sus hijos en el interior de CocoPark.

Débora y José Francisco junto a sus hijos en el interior de CocoPark.Marina Ginés

Marina Ginés
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Si tienes entre 30 y 40 años y creciste en el Poniente almeriense, probablemente hay un local que forma parte de tus mejores recuerdos de infancia. Un parque de bolas de Aguadulce al que todos querían ir, donde los cumpleaños se vivían como un auténtico acontecimiento y en el que un enorme cocodrilo bailarín aparecía cada tarde para hacer reír a los más pequeños.

Hubo una época en la que conseguir una invitación para celebrar un cumpleaños en CocoPark era casi garantía de una tarde inolvidable. Mientras los niños se perdían entre toboganes, piscinas de bolas y laberintos, los padres compartían una merienda sencilla, de las de toda la vida. No hacía falta nada más.

Con el paso de los años, CocoPark nunca llegó a cerrar sus puertas, pero sí fue perdiendo poco a poco parte de la esencia que lo convirtió en un referente para miles de familias. Cambió de propietarios en varias ocasiones y aquel parque que tantos recuerdan seguía abierto, aunque ya no despertaba la misma ilusión.

Eso fue precisamente lo que sintió Débora, una joven del Poniente almeriense que, años después de celebrar allí sus cumpleaños, volvió como madre acompañando a su hijo. "Seguíamos viniendo porque lo invitaban a cumpleaños, pero ya no era lo mismo. Había perdido esa esencia que yo recordaba de pequeña", explica.

Hoy es ella quien abre la puerta del parque cada tarde junto a su pareja, José Francisco, después de embarcarse en una aventura que hace apenas tres meses parecía una auténtica locura. "Venía aquí cuando era pequeña y ahora lo llevo junto a mi pareja. Es un sueño hecho realidad."

Un nuevo rumbo de la mano de dos almerienses

Como tantas parejas del Poniente, la vida de Débora y José Francisco estaba ligada al trabajo y a los horarios imposibles. Ella estudió Educación Social, aunque nunca llegó a ejercer. Durante años trabajó en una papelería y más tarde dio el salto al sector agrícola, donde conoció a José Francisco. Con el tiempo formaron una familia numerosa y empezaron a plantearse una idea que cada vez cobraba más fuerza: emprender para poder conciliar.

"Queríamos un proyecto que nos permitiera trabajar juntos y, sobre todo, estar más tiempo con nuestros hijos. Para nosotros eso era lo más importante."

Durante meses buscaron diferentes negocios. Estudiaron varias posibilidades, hicieron números y descartaron otras tantas. Ninguna terminaba de convencerles.

Hasta que una mañana cualquiera, mientras desayunaba antes de ir a trabajar, Débora abrió el móvil y encontró un anuncio que llevaba publicado apenas 43 minutos.

Era el traspaso de CocoPark. "En cuanto lo vi se lo mandé a José Francisco. Al día siguiente ya estábamos aquí."

Aquella visita fue suficiente para tomar una decisión que cambiaría sus vidas. No fue fácil. Acababan de comprar una vivienda, tenían tres hijos pequeños y sabían que el esfuerzo económico sería enorme, pero también sentían que una oportunidad así difícilmente volvería a repetirse.

La aventura de devolverle la vida a CocoPark

La ilusión llegó acompañada de mucho vértigo. Tras firmar el traspaso comenzaron unas semanas frenéticas en las que prácticamente vivieron dentro del parque. Pintura, limpieza, compras, pequeños arreglos, electrodomésticos nuevos, pedidos de comida, cámaras frigoríficas, decoración… Todo tenía que estar listo para la reapertura.

"Había días que nos íbamos de aquí a las dos de la madrugada y a las ocho de la mañana estábamos otra vez trabajando."

CocoPark en Aguadulce toma un nuevo rumbo.

CocoPark en Aguadulce toma un nuevo rumbo.Marina Ginés

La inversión fue tan importante que, después de afrontar todos los gastos, apenas les quedaron entre 200 y 300 euros en la cuenta. "Nos la jugamos completamente. Había momentos en los que pensábamos que no podía salir mal porque ya no había marcha atrás."

Sin embargo, nunca perdieron de vista cuál era su objetivo. "No queríamos reinventar CocoPark. Queríamos recuperar aquello que lo hizo especial." Por eso decidieron empezar por lo más sencillo. Limpiar y retirar lo viejo para dejar entrar lo nuevo. Puede parecer un detalle menor, pero para ellos era el primer paso para devolver al parque la imagen que merecía. 

Después reorganizaron completamente el espacio, retiraron muebles para ganar amplitud, cambiaron la decoración, sustituyeron el antiguo proyector por música y permitieron que los padres pudieran acceder al parque para acompañar a los más pequeños. "Queríamos que los niños volvieran a correr y que los padres estuvieran tranquilos."

Los cumpleaños de antes

La misma filosofía la trasladaron a la comida. Mientras muchos parques infantiles apuestan por cartas cada vez más elaboradas, ellos decidieron recuperar las meriendas de toda la vida. Aquí no hay grandes pretensiones gastronómicas. Ni las buscan. "Nosotros siempre decimos que no somos un restaurante; somos un parque infantil."

Los pequeños pueden elegir entre un menú frío o caliente con sándwiches, perritos calientes, nuggets, patatas, bizcocho y refrescos, siempre adaptado a cualquier alergia o intolerancia alimentaria. Los adultos disfrutan de una merienda sencilla, con embutidos, bocadillos, bizcochos, patatas o aceitunas.

"Es la comida que nos preparaban nuestras madres cuando éramos pequeños. Al final, los niños no recuerdan un cumpleaños por lo que comieron, sino por lo bien que se lo pasaron."

"Nos decían que abrir en verano era una locura"

Si hubo un momento en el que realmente sintieron miedo fue justo antes de levantar la persiana. Todo el mundo les repetía lo mismo. "Habéis elegido la peor época."

Las vacaciones, la playa y la piscina hacían pensar que el verano sería muy complicado para un parque infantil. Tanto llegaron a creerlo que prepararon incluso una ludoteca matinal para intentar mantener la actividad. Nunca llegó a hacer falta.

El día de la reapertura todavía lo recuerdan con una mezcla de nervios y emoción. Después de semanas de trabajo, familias enteras comenzaron a entrar por la puerta y las reservas empezaron a multiplicarse.

"Nos sorprendió muchísimo la respuesta de la gente. Pensábamos que costaría arrancar y ha sido todo lo contrario." Tres meses después, el calendario habla por sí solo. Agosto está completamente reservado y las primeras celebraciones de septiembre y octubre ya ocupan buena parte de la agenda.

"Desde el primer día no hemos parado. De hecho, no cerramos ni un solo día de la semana." Reconocen que gran parte de ese éxito se debe al cariño con el que muchas familias han recibido esta nueva etapa.

"Hemos sentido muchísimo apoyo. No solo de nuestros amigos o familiares, también de personas que simplemente tenían ganas de volver a ver CocoPark como lo recordaban."

El regreso del cocodrilo más famoso de Aguadulce

Entre todos los cambios había uno que no admitía discusión. Coco tenía que volver. Y volvió. El enorme cocodrilo bailarín sigue saliendo cada tarde para recibir a los pequeños exactamente igual que lo hacía hace más de treinta años.

Lo mejor de todo es que no se trata de una copia. Es el Coco original. "Coco necesita renovarse un poquito, claro que sí, pero queríamos que siguiera siendo él. Forma parte de la historia del parque."

Cuando aparece, los niños corren a abrazarlo sin saber que ese mismo personaje hizo reír a sus padres cuando tenían su edad. Ellos, mientras tanto, observan la escena desde las mesas con una sonrisa inevitable.

Porque, al final, esa era la verdadera intención de Débora y José Francisco. No abrir un parque infantil más. Sino recuperar un lugar donde varias generaciones siguen compartiendo el mismo recuerdo.

Treinta años después, CocoPark vuelve a estar lleno de risas. Y, si todo sale como ellos imaginan, los niños que hoy juegan entre sus piscinas de bolas serán quienes, dentro de otros treinta años, regresen de la mano de sus hijos para contarles que allí también vivieron algunos de los mejores cumpleaños de su infancia.

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