Una pareja de Roquetas de Mar convierte el armario de su terraza en el gimnasio más pequeño de Almería
Laura y Junior idearon una solución para seguir entrenando tras el nacimiento de su segundo hijo: un espacio de apenas dos metros cuadrados equipado para entrenar sin salir de casa

Junior y Laura posan en su particular gym metido en un armario: 'South Gym'.
Imagina terminar el día con un bebé de apenas tres meses dormido en la cuna, otro niño de seis años al que todavía le queda energía para rato y una interminable lista de tareas domésticas por hacer. El reloj marca casi las once de la noche. A esa hora, para muchos padres, entrenar deja de ser una opción. Para Laura Rodríguez y Antonio José Corral, conocido por todos como Junior, fue precisamente el momento perfecto para empezar.
Si ellos no podían ir al gimnasio, el gimnasio tendría que venir a su casa. Y así nació una idea tan sencilla como sorprendente: convertir un armario de terraza en un completo centro de entrenamiento. Apenas dos metros cuadrados donde han conseguido instalar todo lo necesario para realizar entrenamientos de fuerza, una ocurrencia que bien podría convertirlo en el gimnasio más pequeño de Almería.
Un gimnasio donde nadie espera encontrarlo
Cuando entras a la terraza de Laura y Junior, nada hace sospechar que allí se esconde un gimnasio. La terraza invita más a descansar que a levantar pesas. Césped artificial, un jardín vertical, una pequeña zona para tomar un café mientras juegan los niños... Todo parece pensado para disfrutar en familia.
—"Está aquí" —dice Laura, que procede a abrir las puertas de un gran armario gris y la sorpresa es inmediata.
Donde cualquiera esperaría encontrar escobas o herramientas aparecen un banco de musculación, una estructura con poleas, barras, discos olímpicos, mancuernas ajustables, kettlebells y numerosos accesorios perfectamente colocados para aprovechar hasta el último centímetro.
"Podemos hacer prácticamente cualquier entrenamiento de fuerza. No echamos de menos un gimnasio convencional", explica Laura mientras muestra cómo todo queda perfectamente recogido cuando termina de entrenar.
Lo bautizaron como South Gym, un nombre que hace referencia al sur donde viven y al proyecto que ha terminado cambiando por completo su rutina.
La historia empezó mucho antes del armario
Sin embargo, detrás de este curioso gimnasio hay una historia mucho más profunda. Laura fue madre siendo muy joven y, como les ocurre a muchas mujeres, empezó a relegarse a un segundo plano. Entre el trabajo, el cuidado de su primer hijo y las responsabilidades de casa, dejó de cuidar su alimentación y abandonó por completo el ejercicio.

Junior y Laura posan en su particular gym metido en un armario: 'South Gym'.
"Comía fatal y no me cuidaba nada", recuerda. Cuando decidió buscar un segundo embarazo llegaron los problemas. Los tratamientos de fertilidad no funcionaban y empezaron a aparecer quistes, hemorragias y otros problemas de salud. Había superado los 105 kilos y la obesidad era ya una amenaza para su organismo.
"Llegó a retirárseme la regla. El médico me dio un ultimátum: o perdía peso y me ponía las pilas o iba a tener problemas muy serios de salud." Aquellas palabras marcaron un antes y un después.
Laura cambió radicalmente su alimentación, comenzó a entrenar fuerza y, poco a poco, fue recuperando su salud. Perdió más de 30 kilos y pasó de pesar más de 105 a quedarse en 74.
Y lo que parecía imposible terminó ocurriendo. Tras tres años intentando quedarse embarazada mediante tratamientos, consiguió hacerlo de forma completamente natural. "No fue magia. Fue disciplina, constancia y empezar a cuidarme."
Volver a empezar tras el nacimiento de Eric
El segundo embarazo también estuvo lleno de dificultades. Al tratarse de una gestación de riesgo, Laura tuvo que guardar reposo durante meses y volvió a ganar gran parte del peso perdido. Cuando nació el pequeño Eric, hace apenas tres meses, sabía que quería retomar cuanto antes los hábitos que tanto habían cambiado su vida. Pero la realidad ya era otra.
Ahora pasa todo el día al cuidado de sus dos hijos mientras Junior trabaja en Almería capital. Ir a un gimnasio dejó de ser una posibilidad. "No podía dejar al bebé, no encontraba horarios compatibles y sentía que volvía a quedarme atrapada", explica.
Fue entonces cuando, una noche, navegando por TikTok, encontró el vídeo de un creador inglés que había instalado un gimnasio en una especie de caseta de madera.
Aquella imagen se quedó rondándole la cabeza. "Le dije a mi marido: ¿y si hacemos un gimnasio dentro de un armario en la terraza?". La respuesta fue inmediata. "Pensó que estaba loca", recuerda entre risas.
Aunque al principio la propuesta le pareció una locura, Junior terminó aceptando el reto. Laura diseñó el espacio, buscó materiales, comparó precios y decidió qué equipamiento necesitaban. Junior se encargó de construir toda la estructura desde cero utilizando hierro y paneles sándwich. "Yo le decía las medidas, cómo quería distribuirlo... y él hacía su magia."
Todo está calculado al detalle. La estructura va anclada a la fachada de la vivienda y preparada para soportar el peso del rack, las poleas y más de 140 kilos de discos olímpicos. El resultado es un gimnasio que, cuando termina el entrenamiento, vuelve a convertirse en un simple armario. Entrenar cuando toda la casa duerme.
Ahora Laura y Junior entrenan cuando los niños ya están dormidos. "A veces empezamos a las once de la noche y terminamos pasada la medianoche." En algunos vídeos incluso aparece entrenando con Eric en brazos. "No porque sea lo ideal, sino porque es la realidad de muchas madres. Hay días en los que no queda otra."
Un proyecto para inspirar a otras familias
Hace apenas tres meses decidieron abrir perfiles en TikTok e Instagram bajo el nombre de South Gym. Allí comparten el proceso completo de construcción del gimnasio, los materiales utilizados, cuánto les costó el proyecto y diferentes entrenamientos que cualquiera puede hacer desde casa. La respuesta no ha tardado en llegar.
Reciben mensajes de toda España de personas interesadas en copiar la idea, familias que les preguntan por los materiales o seguidores que quieren saber cómo pueden montar un gimnasio similar en un pequeño rincón de su vivienda. Muchos incluso les preguntan cuánto cuesta fabricar uno igual. Pero ellos tienen claro que ese no es su objetivo.
"No queremos vender gimnasios. Lo que queremos es que la gente se inspire", afirma Laura. Por eso responden gratuitamente a quienes les escriben, comparten listados de materiales y explican alternativas mucho más sencillas para quienes no disponen de tanto espacio.
"Hay quien piensa que necesita una habitación entera o gastarse miles de euros para empezar. No es verdad. Con un banco, unas mancuernas y un pequeño rincón ya puedes hacer muchísimo."
"Si nosotros hemos podido, cualquiera puede". Laura sabe que muchas madres y muchos padres viven exactamente la misma situación que ella hace unos meses. Falta de tiempo, cansancio, niños pequeños y la sensación de que cuidarse siempre puede esperar.
Por eso insiste en que el verdadero mensaje de South Gym no está en el armario. "Queremos que otras familias vean que sí se puede. Nosotros también pensábamos que con dos niños era imposible, hasta que dejamos de buscar excusas y buscamos soluciones."
Porque, al final, el gimnasio más pequeño de Almería no nació para hacerse viral ni para vender una idea revolucionaria. Nació para recordar que, por pequeño que sea el espacio o por complicada que parezca la rutina, la salud siempre merece encontrar un hueco.