La quedada flamenca en Almería se hace realidad: 40 mujeres que no se conocían viven juntas la Feria
La iniciativa nació de las ganas de encontrar compañía para vestirse de flamenca y, tras su primer encuentro, el grupo ya piensa en repetir en las Cruces de Mayo

Parte de las flamencas que asistieron a la quedada, en una imagen tomada en la portada el jueves 27 de agosto
A las ocho de la tarde comenzaron a aparecer los primeros volantes. Una flor en el pelo por aquí, unos lunares acercándose por allá y, mientras tanto, alguna mirada buscando un rostro conocido que, en realidad, nunca había visto antes. Durante semanas habían compartido mensajes, fotografías, preparativos y las ganas de que llegara este jueves 27 de agosto. Se conocían por sus nombres y por una pantalla. Ahora tocaba reconocerse entre la gente.
La escena que ayer se dibujó a las puertas del recinto ferial había comenzado mucho antes y de una manera bastante más sencilla. María José Hurtado, almeriense de 46 años y trabajadora de Consultores Beltrán Asesores, quería vestirse de flamenca para disfrutar de la Feria de Almería, pero no tenía con quién hacerlo. En lugar de dejar el traje en el armario, se preguntó si habría otras mujeres a las que les ocurriera lo mismo. Lanzó la idea y pronto descubrió que aquella sensación estaba lejos de ser únicamente suya.
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Primero llegaron unas pocas. Después fueron diez, veinte y, cuando LA VOZ contó su historia días la semana pasada, antes de la cita, ya eran cerca de treinta mujeres, muchas completamente desconocidas entre sí, dispuestas a encontrarse por primera vez y compartir una noche de Feria. Pero el grupo todavía tenía que crecer.
Cuando llegó por fin llegó el día, aquella búsqueda de compañía terminó convertida en una quedada de alrededor de cuarenta mujeres. Algunas llegaron juntas, otras lo hicieron solas y muchas tuvieron que preguntar quién era quién después de tantos días hablando por WhatsApp. Poco importó durante demasiado tiempo. Pasearon por el recinto ferial, lucieron sus trajes, brindaron, compartieron mesa y alargaron la noche hasta bien entrada la madrugada. Y entre una cosa y otra ocurrió precisamente aquello que María José buscaba cuando puso en marcha la iniciativa: nadie tuvo que preguntarse con quién salir esa noche.
Una idea que no dejó de crecer
Todo había comenzado unas semanas antes. María José tenía claro que quería sacar su traje de flamenca durante la Feria. Lo que no tenía tan claro era con quién iba a hacerlo. Una de las primeras personas con las que compartió la idea fue su compañera de trabajo Sara Bueno, de 32 años.
Ella se sumó enseguida y, a partir de ahí, la propuesta comenzó a correr de unas mujeres a otras. Lo que inicialmente parecía un pequeño plan entre unas pocas terminó encontrando a muchas más que buscaban exactamente lo mismo: una oportunidad para salir, conocer gente y disfrutar juntas de la Feria.
Durante los días previos, un grupo de WhatsApp hizo de improvisado punto de encuentro. Allí se organizaron, eligieron el menú de la cena, resolvieron detalles y comenzaron a conocerse sin haberse visto todavía. Faltaba comprobar qué ocurriría cuando todos aquellos nombres abandonaran la pantalla.
La respuesta llegó entre las ocho y las ocho y media de la tarde del jueves. Entre veinte y veinticinco mujeres se citaron inicialmente en la portada del recinto ferial, mientras que el resto, por distintos motivos, se incorporaría más tarde directamente a la cena.

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Desde allí comenzaron juntas su particular noche de Feria. Dieron una vuelta por el recinto, pasearon entre el ambiente de las casetas y aprovecharon para lucir los trajes que, de alguna manera, habían conseguido reunirlas. Después llegaron unos vinos, las conversaciones y ese momento en el que quienes apenas unas horas antes eran desconocidas empezaron a dejar de parecerlo.
Más tarde se dirigieron a cenar y allí fueron encontrándose con las que faltaban hasta alcanzar unas cuarenta mujeres alrededor de una misma mesa. El menú lo habían elegido entre todas y la sobremesa terminó demostrando que la primera quedada había funcionado: buena parte del grupo permaneció junta hasta alrededor de las dos de la madrugada y algunas continuaron la noche hasta cerca de las cuatro.
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La mejor noticia, sin embargo, quizá llegó después. La Feria todavía no había terminado y ellas ya estaban pensando en volver a verse. Las Cruces de Mayo aparecen ahora como la próxima fecha para repetir la experiencia. La intención es comenzar a organizar una nueva convocatoria entre febrero y marzo, mover de nuevo la iniciativa y abrirla a más mujeres para conseguir que aquel grupo que empezó casi por casualidad continúe creciendo.
Cuando las luces de la Feria se apaguen y los volantes vuelvan al armario, quedará algo que no estaba allí cuando comenzó agosto. Cuarenta mujeres que llegaron buscando con quién compartir una noche se marcharon sabiendo que habrá una próxima vez. Quizá en las Cruces de Mayo, quizá siendo muchas más. Porque aquella quedada terminó, pero lo que nació entre flores, lunares y una mesa compartida acaba de empezar.