Mucho más que invernaderos: cuando los ojos de un niño redescubren el orgullo de un pueblo
El CEIP Diego Velázquez presenta un proyecto que une historia, civismo y orgullo local en Infantil

El 'equipo de investigación' de ‘El Ejido, mucho más que invernaderos’.
No ha sido una rueda de prensa cualquiera. Ni los periodistas levantaban la mano como de costumbre, ni las preguntas seguían el guion habitual. En su lugar, alumnos de Infantil han tomado la palabra con una misión clara: demostrar que El Ejido es mucho más de lo que aparenta.
De este modo arrancaba una jornada poco común en el CEIP Diego Velázquez, donde niños y niñas de apenas tres y cuatro años se convertían en portavoces de su municipio para presentar el resultado de un proyecto educativo que ha marcado todo un trimestre: ‘El Ejido, mucho más que invernaderos’.
Lejos de ser una actividad simbólica, lo que se ha vivido en el centro ha sido la culminación de un proceso de aprendizaje construido desde la experiencia. Bajo la guía de Alberto Padilla López, conocido como ‘El Maestro Alberto’, y con la implicación y ayuda del centro y las familias, el alumnado ha trabajado durante semanas para comprender su entorno más cercano y hacerlo suyo.
El punto de partida fue una idea sencilla, casi visual: desde el espacio, El Ejido aparece como una gran extensión blanca, una especie de bolsa. A partir de ahí, el aula se transformó en un espacio de investigación para descubrir todo lo que esa imagen deja fuera.
Y es que, como ocurre a menudo en educación, se trabajan contenidos lejanos mientras lo más cercano pasa desapercibido. Este proyecto nace precisamente de esa necesidad: mirar alrededor y entender el lugar en el que se vive.
Pequealmería
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Los alumnos han recorrido su municipio desde dentro: han identificado sus calles, conocido sus barrios, comprendido su evolución histórica y explorado su patrimonio. En ese proceso, incluso han 'viajado en el tiempo' a través de una máquina que crearon en el aula que les permitió acercarse al pasado romano de Murgi, desde donde han ido avanzando hasta entender la transformación agrícola, sus espacios naturales y sus tradiciones, construyendo así una visión completa de su entorno.
Del aula a la calle
Pero el proyecto no se ha limitado a conocer, también ha implicado actuar. Los niños y niñas ha participado en iniciativas de mejora del entorno, desde la limpieza de espacios públicos hasta la creación de elementos que contribuyen a embellecer plazas y zonas comunes. Un enfoque que traslada el aprendizaje más allá del aula y lo conecta directamente con la vida cotidiana.

Una parte de la 'rueda de prensa'.
Uno de los aspectos más significativos ha sido el trabajo en torno a la identidad y la convivencia. En un municipio caracterizado por su diversidad cultural, la iniciativa ha servido para reforzar la idea de pertenencia desde el respeto a los distintos orígenes, entendiendo El Ejido como un espacio común construido entre todos y para todos.
La presencia del concejal de Educación, Javier Rodríguez, junto al alcalde, ha permitido poner en valor una propuesta que trasciende lo académico. Y durante una charla posterior, se ha abordado incluso la posibilidad de trasladar este modelo a otros centros educativos, mediante la elaboración de recursos que faciliten su aplicación.

Foto de grupo durante la 'rueda de prensa'.
Más allá de los contenidos trabajados, la jornada ha dejado una imagen poco habitual: la de un aula en la que los más pequeños no solo aprenden, sino que son capaces de dar sentido a lo que ven cada día y que quizá antes no entendían. Una forma de entender la educación en la que el conocimiento no solo se repite y se almacena como una idea más, se construye mediante el juego y la experiencia. Y en la que, aunque solo sea por un momento, los adultos dejan de explicar para empezar a escuchar.