El parque almeriense con el que siempre soñaron los niños: un barco pirata de madera y caucho
Desde su apertura en 2019, el parque se ha convertido en un punto de referencia para las familias abderitanas

Parque Picasso, en Adra (Almería)
El Poniente de Almería tiene un pequeño tesoro escondido a orillas del Mediterráneo. No está enterrado ni lo custodian corsarios, pero sí despierta los mismos sentimientos de aventura y descubrimiento que cualquier novela pirata. Se llama Parque Picasso, aunque todos en Adra —especialmente los más pequeños— lo conocen como el parque pirata. Un rincón donde la infancia navega sin miedo, donde las familias encuentran un remanso de convivencia y donde la ciudad presume de accesibilidad real.
Un barco de madera y caucho reciclado en Adra
El corazón del parque es un gran barco pirata recreado con todo lujo de detalles: proa elevada, popa panorámica, cuerdas, pasarelas, toboganes y hasta rincones secretos en la parte baja, como si de una verdadera bodega se tratara. Sobre su timón, decenas de pequeños capitanes reparten órdenes imaginarias mientras otros vigilan desde el “mirador” superior en busca de delfines, tesoros o peligros invisibles.

Parque Picasso, en Adra (Almería)
Este diseño no es casual: desde su inauguración en 2019, el Parque Picasso quería romper con el concepto tradicional de parque infantil para apostar por un espacio temático, inmersivo y estimulante, capaz de despertar la creatividad en cada visita.
Un parque intergeneracional: accesible e inclusivo
Pero el parque no destaca solo por su estética marinera. Su mayor logro es que todo el mundo puede participar del juego. Las entradas se realizan a través de dos amplias rampas —una desde la carretera de Almería y otra desde la calle Puerto— que facilitan el acceso a personas con movilidad reducida, carritos de bebé o sillas de ruedas.
Pequealmería
El parque que soñaron los niños y que hoy es referente en el Poniente almeriense
César Lorente Venteo
En el interior, varios elementos hacen del Parque Picasso un referente en inclusión: columpios accesibles, diseñados para que cualquier niño pueda disfrutar del balanceo, paneles de juego con braille, integrados para fomentar la lectoescritura táctil y normalizar la diversidad, zonas amplias de giro y desplazamiento, pensadas desde la base para que jugar no sea un privilegio sino un derecho.

Parque Picasso, en Adra (Almería)
Los mayores también juegan
Junto al barco se ubica una zona muy particular: los aparatos biosaludables. Allí los abuelos “navegan” a su manera, ejercitando brazos, piernas o equilibrio, mientras los más pequeños trepan por el mástil del barco. Es habitual ver escenas de tres generaciones compartiendo el mismo espacio: los niños jugando, los padres descansando en los bancos sombreados y los mayores moviéndose en máquinas como El Paseo Doble, El Remo o El Volante.