Amores de verano y primeras veces: Almería se une a la ola de romances cada vez más tempranos
El mito del amor romántico y las redes aceleran las primeras relaciones de los adolescentes, a veces incluso a los 12 años

Fotograma de la serie El verano en que me enamoré.
Besos con sabor a sal en la orilla de una playa perdida de Cabo de Gata, amores que, como el de Noah y Allie, no entienden de clases; flechazos adolescentes acunados por el rumor de las olas almerienses y que nos hacen desear volar por los cielos o, al menos, ser suspendidos unos instantes de la misma forma en la que Johnny eleva a Baby en una de las aulas del resort vacacional de Catskills...
Todos estos romances que vemos en las pantallas y que, en alguna que otra ocasión, hemos sentido en nuestras propias carnes suelen coincidir también con el primer amor; una experiencia vital en el camino a la madurez de los adolescentes que, según Antonio García Ríos, psicólogo experto en neuropsicología infantil y sexología del Centro Sanitario Rango Psicología de Almería, cada vez comienzan antes. El profesional afirma que, si bien antes se solían dar entre los 15 y 16 años, hoy en día este primer amor se ha adelantado, incluso, hasta los 12 años.
El primer amor, esencial en la búsqueda de identidad
El psicólogo almeriense explica que el primer amor en la adolescencia temprana tiene un papel fundamental en la búsqueda de identidad, la formación de la autoestima y el autoconcepto que uno adopta de sí mismo. "Son vínculos tempranos que luego adoptarán como modelos para replicar en futuras relaciones de pareja o amistad. Ayudan, además, a consolidar su rol social dentro del grupo durante esa etapa de su vida", explica.
Con el fin de las clases, el buen tiempo en la provincia y el humor ligero que trae el verano, el escenario queda servido: más espacio para el ocio y más ganas de sentirse vivo. Así se encienden cada año los romances estivales, aunque de formas que han cambiado mucho en las últimas dos décadas; una evolución que, sin embargo, sigue cimentándose en algo que permanece, sea cual sea la generación: la creencia en el mito del amor romántico, ese que sostiene la ilusión de un flechazo capaz de durar más allá de septiembre.

Dos jóvenes caminan por la orilla de una playa vacía.
Lo cierto es que, si bien antaño este tipo de relaciones estaban condenadas a acabar al llegar el otoño -por la dificultad de mantener una relación a distancia-, hoy en día los dispositivos móviles, las redes sociales y la era digital, en general, posibilitan que -a veces- cristalice el deseo de que perdure.
Son, de hecho, las plataformas digitales -escaparates de modelos de relaciones idílicas- y la posibilidad de una búsqueda inmediata de información, que en muchos casos se traduce en desinformación, algunas de las razones que García Ríos señala como causantes de que estos primeros amores aparezcan cada vez antes.
"Tienen un acceso muy inmediato a un lenguaje o un código de adulto. Es amor romántico, pero aún no están preparados para gestionarlo porque son bastante jóvenes", indica el psicólogo almeriense, quien alude también a la pubertad cada vez más temprana (antes 12-14 años, ahora incluso a los 8-9) como causante de este adelanto en las relaciones sentimentales.
Relaciones sexuales demasiado tempranas
El periodo estival también es el momento en el que muchos adolescentes se inician en el sexo. Con mayor tiempo de ocio, nuevos entornos vacacionales en los que conocer a otras personas y, como sugiere el almeriense García Ríos, "con la pubertad adelantada y la exposición a redes y contenido sexual explícito", las relaciones íntimas, al igual que los primeros amores, también ocurren pronto.
Según la última encuesta de la Sociedad Española de Contracepción (SEC), publicada en octubre de 2024, en España la edad media de inicio en las relaciones sexuales es de 17,8 años; una cifra que, además, no ha dejado de adelantarse con cada generación. Mientras que las mujeres que hoy tienen entre 45 y 49 años comenzaron de media a los 19, las adolescentes de 15 a 19 años lo hacen ahora a los 16,3. Es una tendencia que revela cómo cambian los tiempos a la vez que los ritmos con los que las nuevas generaciones viven su sexualidad.

Otro fotograma de la serie El verano en el que me enamoré.
Buscan así experimentar y replicar modelos, pero carecen de información y educación emocional, lo que puede conllevar ciertos riesgos: "Al igual que el acceso a internet ha abierto muchas puertas positivas, también ha abierto otras que suponen un riesgo, como el que puedan tener experiencias sexuales previas y que no sepan cómo gestionar porque aún no han tenido la charla con sus figuras paternas".
Este último podría ser el caso de los adolescentes que inician sus experiencias sexuales a los 11-12 años, edad en la que carecen de una educación emocional sólida y que los podría impulsar a "hacer cosas que en realidad no quieren, por no saber que pueden decir que no", destaca el psicólogo.
Las rupturas como algo natural
La intensidad en la que los preadolescentes viven sus primeros romances veraniegos es extraordinaria. "Ese primer noviazgo es muy importante para ellos, porque es lo que les va a marcar, es algo novedoso que ellos mismos deciden cuidar y amar, por lo que es natural que luego se vivan las rupturas como algo catastrófico", destaca García Ríos, quien subraya, además, la importancia de saber pasar del drama a la enseñanza.
"Lo importante es que aprendan de esa separación y que saquen de ella algo positivo; que no la vean como algo perjudicial, sino que entiendan que la ruptura es normal, que por eso se llaman amores de verano, y que no por ello va a ser el fin de sus vidas", subraya el profesional de la salud mental.

Una pareja mira hacia el mar en uno de los escenarios románticos de Almería, en pleno verano.
Es en este punto donde entra el papel de los progenitores, tan crucial para aquellos que se encuentran en el umbral de la adolescencia. Según el psicólogo almeriense, lo más importante es validar sus sentimientos a la vez que se enseñan límites con respeto, tiempos y espacios: sin controlarlos, pero sí guiándolos.
"Aunque desde fuera estos amores parezcan una tontería, para ellos son algo real e importante, por lo que no hay que minimizarlos o ridiculizarlos. Hay que evitar frases como 'ya se te pasará', porque deslegitiman su experiencia emocional", señala. Así pues, lejos de intentar evitar que experimenten ese intenso y -en la mayoría de ocasiones- breve romance, el profesional recomienda "estar ahí para lo que necesiten".
Recogía Wes Anderson en su película homenaje al amor infantil una tierna relación entre dos amantes de 12 años que huyen juntos antes de una tormenta violenta: "Estamos enamorados. Solo queremos estar juntos, ¿qué tiene de malo?", decían Sam y Suzy ante un público conmovido en las salas de cine. Acompañar, en lugar de prohibir. Quizás esa sea la fórmula.