La Voz de Almeria

Opinión

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Habría que hablar más de la gran corrala que son las redes sociales. Como en todo, cabría decir que tienen sus virtudes y sus vilezas. Entre las primeras, podríamos encontrar aquello que algunos llaman la “democratización de la información” que facilita el acceso a los contenidos de una forma rápida y ágil poniéndolos a disposición de cualquiera. Si esto es así, es porque al otro lado, alguien – y cuando digo alguien quiero decir cualquiera en el sentido más amplio del concepto- tiene la capacidad de evacuar contenidos informativos antes reservados solo a profesionales del rango. Parece positivo.  Sin embargo, esta ventaja esconde algo que no lo es tanto: se erradican los filtros y con ello la seguridad que tiene el receptor de acceder a la información de una forma certera y segura.  La mayoría de las veces, la información llega  edulcorada, distorsionada, pervertida. No existe un basamento común para el diálogo y esto lleva a la degradación del debate público. En ocasiones, uno entra a formar parte de una red de discusión sin haber antes accedido a la fuente original de la información que la genera. Así, es fácil crear contextos que generan discusiones banales acerca de lo que nadie ha dicho y,sobre todo, acerca de lo que alguna gente interpreta que alguien ha dicho. Normalmente, estos malentendidos dan pie a la implantación de toda una discusión moral acerca del contenido de esa información. Se busca el aspecto moral porque, principalmente, lo que la red social produce es demagogia - simplificación tramposa- y ésta, no se entiende sin ese poso  moralista que la “legitima”. Sin embargo, lo que más me preocupa es ese sometimiento a pensar que lo que ocurre en las redes es una representación a escala digital de lo que sucede en el mundo real.  El periodismo contribuye mucho a esto último.  Hoy, un retuit se convierte en noticia y titulares del tipo “Arde Twitter” son habituales en las páginas de los periódicos. Hay intercambios de tuits que se convierten en la noticia del día. Al comienzo, la red otorgaba una suerte de canalización al debate social, pero no lo creaba. Para eso estaban las calles. Con el paso de tiempo, es la red la que crea los debates que después se trasladan al espacio público. Deberíamos reflexionar sobre ello.


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