Hacia unos políticos vocacionales
Hace 25 años, en este mismo periódico, yo mantenía la tesis de que la persona que decidiera dedicarse a la política debería de cobrar lo mismo que cobraba en su profesión. De ese modo, nuestros representantes impregnarían al asunto de un cierto toque vocacional.
La idea no era descabellada. Surgió de un hecho notorio: que nuestros representantes en las Cortes, no intervenían jamás (ver Diario de Sesiones). La conclusión era que si no hacían nada que, al menos, no se enriquecieran. Aquello tropezaba con un problema pues casi todos los que se metían a político, estaban parados. Era ridículo ser Alcalde o Diputado y cobrar los 600 y pico euros que cobra un parado.
Hoy, se discute sobre el sueldo de los políticos. Un Presidente cobra sobre los 80 mil euros año, un Alcalde 60 o 65 mil y en medio de esas cantidades (dietas, comisiones y demás cosas), unos 70 mil del ala para Diputados o Senadores.
¿Están bien pagados? ¿Cobran de más o de menos para lo que hacen?
Con los intereses millonarios que hay en juego (adjudicaciones de aeropuertos, de carreteras, de energías, de la limpieza de una ciudad, etc.) ¿Habría que subirles el sueldo para evitar la tentación de que se lo lleven en comisiones y regalos?
La verdad es que creo que no. Creo que habría que quitar a los políticos. O, al menos, reciclarlos.