La Voz de Almeria

Opinión

Pasan los años y no se sabe si hubo compra de votos en Carboneras

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Una de las premisas por las que Miguel Cazorla no quería abstenerse en el pleno de investidura del alcalde de Almería y votar a favor de Juan Carlos Pérez Navas era por la denuncia de la posible compra de votos por parte del candidato del PP, Luis Rogelio, en algunos sectores de la venta ambulante de la capital. Conociendo las fórmulas de los partidos políticos a la hora de buscar los votos hasta debajo de las piedras, no me parece alejado de la realidad el que el PP haya podido caer en la tentación y llevarla a cabo. Pero de ahí a poder asegurarlo va un trecho, tan largo como los años que llevamos sin saber lo que de verdad ocurrió en Carboneras


¿Y cuando pensaba el señor Cazorla saber si la compra de votos por parte de Luis y cía era cierto? Lo digo porque en estos días hemos conocido como un juez ha liberado de  imputación a un ex-alcalde de Carboneras, Francisco Ruiz, por la supuesta compra de votos en las elecciones de 2007. Ocho largos años, ocho, y aún no ha dicho la justicia la última palabra sobre aquella compra de votos en el pueblico. 


No sé lo que pensaran ustedes, pero a uno no le parece que sea de justicia el que hayan pasado ocho años (ocho) y no se haya aclarado la compra de votos de Carboneras. Cierto que los políticos imputados ya no están en activo, pero no han pensado sus señorías que si no lo están lo mismo es por culpa de una lentitud para acabar (rayan en la injusticia) con el caso de los votos de hace ocho años, que se dice pronto.


En una denuncia parecida a aquella de hace ocho años se quería apoyar Miguel Cazorla, y así lo vendió a sus jefes, para votar como alcalde al socialista Juan Carlos Pérez Navas. No tenía mucho recorrido la razón aportada y la marcha atrás se le impuso al riverista almeriense. Pero, si no hubiera tenido prisa por apuntarse el tanto ante Juan Carlos, por fastidiar a Luis Rogelio y darle una mala noche, por salir en la foto y en los medios nacionales; si no se hubiera precipitado al sacar la lengua a pasear, su venganza habría llegado a buen puerto.


Le perdió el gran protagonismo que tiene y lo que tenía que ser su venganza ante los comportamientos de algunos peperos se convirtió en una sin fin catarata de lágrimas por parte de su familia.  Y de insultos por parte de aquellos a los que había prometido una Alcaldía.


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