El fraude que cayó del cielo
“Griñán no solo pretendió pasar por tonto sino que insultó a la inteligencia de todos los españoles”
Entre hacerse el tonto e intentar hacer tontos a los demás, siempre es más asumible la primera opción, más que nada porque es un gesto a título individual que a nada compromete a quien asiste a la autoinculpación de imbecilidad. Ante nosotros queda un idiota, al que le deseamos lo mejor y que en todo caso Dios le ampare. Por ejemplo, un maestro sin formación jurídica al que unos desaprensivos le obligan a desempeñar un cargo de vigilancia económica para el que, pobretico mío, no está preparado. Es normal que le vuelen los millones delante de las narices llenas de mocos. Es tonto. Qué le vamos a hacer. Sin embargo, cuando alguien intenta ponerse de perfil ante su responsabilidad y, no contento con hacerse el tonto, llama tontos a todos los demás, la cosa cambia. Ayer por la tarde, el ex presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán, no sólo pretendió pasar por tonto, sino que insultó la inteligencia de todos los españoles asegurando que bajo su gobierno hubo un gran fraude, sí, pero que no hubo un plan predeterminado para ello. Es decir, que los millones desaparecían en la Junta así como sin querer, por casualidad, sin que nadie maniobrase o actuase para que ello sucediera. Y a lo mejor ustedes, que no son como esos votantes socialistas de anteojera y eslogan que todo lo tragan, piensa que lo de este señor es un insólito arrebato de desvergüenza impropio de quien tantos valores cívicos y democráticos se arroga. Demos por buena la falta de pudor del ex presidente, pero lo que no es en ningún caso, es una reacción personal e intransferible: es la tónica en cuantos cargos del PSOE se sientan en el banquillo para hablar de dinero robado: chulería y desplante. ¿Recuerdan al perla que justificó el robo de dinero en la Junta para cocaína y zorrones? “Señoría, es que yo tengo un carácter jovial”, dijo. Andalucía, imparable. Y ahora, gracias a Griñán, descubrimos que el concepto “querida, esto no es lo que parece”, también resulta patético fuera de las alcobas.