La primavera insolente
“Ni siquiera la providencia organizativa de tres grandes naciones han podido remediarlo”
En medio de la corriente del Ebro, que aún viene abundante, he visto sobre un arbusto medio inclinado y vencido por el agua, un nido de no sé qué especie. A su lado un pájaro que debía ser su dueño miraba absorto la escena. Para mí este pájaro es la única razón tranquilizadora y alegre de que, pese a todo lo negro que nos rodea, la vida se abre paso. Uf, qué semanita hemos sufrido. Temporal de frío y nieve, lluvias indómitas y trastornos del agua, meteorólogos preocupados sobre el mapa anticiclónico y sin poder hacer nada. Más graves aún las historias de la corrupción junto a las luchas de los jueces por aclararlas a pesar de la buena voluntad de los presuntamente implicados por colaborar con la justicia. Y, finalmente, lo aberrante, lo insólito: un copiloto que se encierra en la cabina, echa el cierre a la vida, y decide cargarse a 148 inocentes. Me acuerdo sin cesar de esas familias que, aún con el recuerdo de la despedida en casa, se enteran de la última razón de la tragedia. No fue accidente natural, fue un crimen inducido. Y ni siquiera la providencia organizativa de tres grandes naciones han podido remediarlo. Medalla de honor merecen en el mejor sentido los habitantes de Seyne les Alpes. Su entrega, su cariño, hospitalidad demuestran que, contra el desastre, aún podemos confiar en la humanidad. Es semana de pasión. Hay un despliegue múltiple hacia las playas y las verdes montañas. La primavera ha venido,( nadie sabe como ha sido); tozudez de la vida que sin detenerse llena de luz y color todos los caminos. Jorge Guillén la sorprendió muy delgadamente en el ritmo acompasado de los remeros del río. Machado encontró consuelo invitando a un amigo a que visitara la tumba de Leonor. Y Juan Ramón llegó al colmo de la sinestesia imaginando que Dios estaba azul y que por ello había que a salir al campo a por romero y por amor. Qué arrebatadora insolencia y qué milagro cotidiano de la vida frente a la muerte. Volverán los pájaros al almendro de nata. Volverá a crecer la hierba en los sitios más inverosímiles y se llenarán las terrazas de gente joven y positiva. Correrá el vino y la alegría en este Mediterráneo lleno de turistas que tantas aventuras promete y perderemos al menos para un tiempo el hosco ceño de la crisis.