Cajamar entra en la Champions del mundo financiero
"El Grupo Cajamar, con la entrada en su accionariado del grupo francés, adquiriendo por 150 millones el 9,9 del capital, aumentará su ya sólida ratio de solvencia"

Sede de Cajamar.
Cuando a las 8 de la mañana de aquel miércoles 20 de abril de 1966 Juan del Águila abrió la puerta del número 28 de la calle Méndez Núñez, ni uno solo de los 350.000 almerienses que sobrevivían resignados a la emigración y la miseria pudo llegar a pensar que el sonido de aquella cerradura que abría la primera oficina de la Caja Rural de Almería iba a ser el primer paso para que, sesenta años, dos meses y cuatro días después, Manolo Yebra, un niño de Los Molinos que había nacido dos meses antes, firmara en París y en otro miércoles una alianza estratégica con el mayor banco cooperativo del mundo.
De aquel arrabal periférico donde solo habitaba la pobreza y el olvido a la cumbre del sistema financiero internacional han pasado seis décadas. Sesenta años de aventura en busca de una tierra nunca prometida pero sí soñada que comenzó a caminar en aquel local de apenas cincuenta metros con el impulso de cinco ilusionados o, quizá mejor: iluminados, llamados Jesús Durbán Remón, Juan del Águila, Felipe Ibáñez Ventura, Miguel Rodríguez y Damián Navarro.
La larga marcha de aquella Caja Rural de Almería alcanzó este miércoles parisino una cumbre, pero que nadie interprete que el territorio coronado es un escenario de llegada. No. Es, siguiendo la doctrina inculcada por Juan del Águila y que han seguido todos los directivos y trabajadores de la Caja —“estamos empezando”, proclama su lema—, un lugar para tomar impulso.
El Banco de Cajamar ha llegado a la cumbre. Pero, una vez alcanzada la meta con la que nadie pensó cuando inició la travesía, es preciso detenerse. Mirar el paisaje. Y pensar. Sobre todo, pensar.
Y es desde esa reflexión desde la que surgen las respuestas a una pregunta inevitable: ¿Qué aporta esta alianza estratégica a los socios y clientes de Cajamar, a la entidad almeriense y al gigante financiero internacional con el que ha firmado la alianza?
Como toda interrogante que rodea a un acuerdo de extraordinaria importancia, las respuestas son muchas. Vayamos con algunas.
El acuerdo con el primer banco cooperativo del mundo sitúa a Cajamar como la referencia del cooperativismo financiero en España. Una alianza que consolida y refuerza al grupo almeriense como líder de la banca cooperativa a nivel nacional, europeo e internacional. Una alianza que impulsará el crecimiento y desarrollo del grupo Cajamar pero que, a la vez, facilitará la presencia del Credit Agricole en España propiciándole la capilaridad que le proporcionarán los casi cuatro millones de clientes de Cajamar y sus 944 oficinas en el territorio nacional.
Esas son algunas de las fortalezas bidireccionales con que se benefician ambas entidades, pero, descendiendo más al territorio doméstico, ¿en qué se van a ver beneficiados los socios y clientes de Cajamar?
El beneficio inmediato es que los clientes podrán elegir entre una mayor gama de productos y servicios financieros, pues, a los que ya disponen en las cajas rurales del grupo, hay que sumar los ofertados por Credit Agricole, entre los que habría que destacar la gestión de activos, principalmente fondos de inversión, donde los franceses son líderes en gestión. El servicio de factoring, que permitirá adelantar el cobro de facturas pendientes a crédito en lugar de esperar 30,60 o 90 días a que pague el cliente. Este sistema de liquidez inmediata se proyecta a nivel internacional y esa proyección supondrá una opción extraordinaria para aquellas empresas que exportan e importan, un tráfico comercial de formidable importancia en la estructura económica de la provincia por sus mil millonarias exportaciones. Beneficios a los que habría que añadir la ampliación de oferta en la compra de vehículos y bienes de equipo mediante renting o leasing.
Pero si hasta ahora nos hemos acercado a los beneficios que aporta la alianza al grupo Cajamar, a Credit Agricole y a los socios y clientes, es inevitable cambiar de orilla y preguntarse qué riesgos corre la caja y el banco almeriense con este acuerdo.
La respuesta es sencilla: Ninguno.
El Grupo Cajamar, con la entrada en su accionariado del grupo francés, adquiriendo por 150 millones el 9,9 del capital, aumentará su ya sólida ratio de solvencia. Una aportación financiera a la que hay que sumar la entrada en su consejo de administración de un consejero —el consejo del BCC-Grupo Cajamar lo componen 14 miembros— que aportará una visión estratégica internacional basada en la experiencia y en sus mejores prácticas. En un sistema globalizado este tipo de aportaciones no son cosa menor. Como tampoco lo es que la alianza alcanzada fortalece la imagen y el prestigio del Grupo Cajamar en las estructuras financieras y de gobernanza europeas.
Por otra parte, el acuerdo no interfiere en los órganos de gobierno de Cajamar, que sigue siendo propiedad de sus socios y mantiene intacto su consejo rector, que es quien toma las decisiones y que, una vez que se materialice el acuerdo BCC- Cajamar con Credit Agricole, previsto para finales de año, Cajamar continuará siendo el accionista mayoritario del Banco con más del 80 por ciento del capital.
Todo lo anterior constata que la aventura cercana a la quimera que comenzó aquel miércoles de abril del 66 continúa su travesía hacia el mejor futuro. Una travesía capitaneada por tipos que hicieron de la humildad, el trabajo y la inteligencia su patria y su bandera. Todos ellos comenzaron revestidos con las categorías profesionales de botones y administrativos, y en su camino hasta la alta dirección tuvieron la honestidad de no dejarse el honor en una esquina. Han llegado a generales porque antes fueron tropa y es esa trayectoria vital la que ha hecho y continuará haciendo posible que las ramas de aquel árbol que un lejano miércoles de abril plantó Don Juan del Águila hayan llegado a Europa y más allá. Pero cuidando con esmero que las raíces de aquel tronco sigan estando en la tierra fértil en la que fue plantada la semilla.