Un permiso pendiente frena desde hace un año la búsqueda de Lucía, desaparecida en Turre hace una década
La asociación Guardias Civiles Solidarios tiene preparada una nueva batida con detectores de metales, pero sigue a la espera de la autorización de la Junta para poder iniciarla

Lucía García desapareció a los 78 años el 22 de octubre de 2016 en una cortijada de Turre.
“Si no se mira no se sabe; si no se investiga no se encuentra”. Beatriz García lleva diez años buscando a su madre, Lucía, desaparecida en Turre el 22 de octubre de 2016 a pocos metros de su casa, cuando tenía 78 años. Ahora hay una nueva batida preparada, pero lleva casi un año sin poder comenzar por la falta de una autorización de la Junta de Andalucía para utilizar detectores de metales.
Una década después, Beatriz no se resigna a que el caso quede sin respuesta y reclama que al menos no se dificulte una búsqueda que podría resultar definitiva para intentar conseguir alguna pista. Por eso recibió con esperanza la propuesta de Guardias Civiles Solidarios de volver a rastrear la zona de Royo Morera, en Sierra Cabrera, la pedanía donde vivía su madre.
“No vamos a buscar un tesoro, vamos a buscar a mi madre”, resume Beatriz, que reconoce que después de tantos años la esperanza de encontrarla con vida se ha ido apagando, aunque no la necesidad de saber qué ocurrió. “Me voy a morir yo también y no voy a saber lo que pasó”, teme, consciente de que cada año que pasa hace más difícil encontrar una respuesta, pero también de que dejar de buscar significaría asumir una incertidumbre con la que no está dispuesta a convivir.
La propuesta de Guardias Civiles Solidarios llegó a Beatriz hace un año, cuando José Cabrera, presidente de la asociación, volvió a ponerse en contacto con ella para plantear una quinta operación en la zona más cercana al lugar donde Lucía García fue vista por última vez.
La organización ya había participado de forma altruista en cuatro búsquedas anteriores, en las que se revisaron pozos, minas, edificios abandonados y otros puntos del entorno, además de utilizar drones y cámaras para intentar localizar cualquier indicio que pudiera conducir hasta Lucía. Esta vez querían incorporar una herramienta que hasta ahora no habían podido utilizar en este caso: los detectores de metales. Lucía llevaba varias joyas de oro, entre ellas cadenas y anillos, que podrían ayudar a localizar algún indicio relacionado con su desaparición.
Cabrera recuerda que una persona desaparecida en Alicante pudo ser localizada cuatro años después gracias a un detector que permitió encontrar un pequeño recipiente de medicamentos.
Autorización necesaria
El problema es que para utilizar los detectores se necesita autorización de la Junta de Andalucía y aún no ha llegado. Cabrera explica que la asociación lleva aproximadamente un año realizando gestiones ante la Administración y que incluso trasladó la petición al presidente de la Junta, quien, según dice, ni siquiera le ha respondido. Eso sí, justo antes de las últimas elecciones autonómicas, asegura, recibieron una llamada de la Junta en la que les comunicaron que la solicitud había sido trasladada a la Delegación de Cultura en Almería y que estuvieran tranquilos, porque pronto recibirían una respuesta.
Pero pasaron las elecciones y tampoco se ha vuelto a saber nada. “Es de pena”, resume Cabrera.
La Voz de Almería ha preguntado a la Junta por el estado de la solicitud y la Administración se ha remitido al decreto ley que regula el uso de detectores de metales, al tiempo que ha trasladado que sobre la autorización solicitada por Guardias Civiles Solidarios no hay novedad alguna.
La idea de la asociación es realizar un rastreo técnico de una zona amplia, con drones, fotogrametría y especialistas en búsqueda, además de los detectores de metales. Cabrera sitúa el área de interés en un radio aproximado de entre 500 y 1.000 metros desde el último punto donde fue vista Lucía.
Cabrera sigue considerando que hay zonas que merece la pena volver a revisar y que, después de una década, no se puede dar por agotada ninguna posibilidad. “Esta mujer cruzó una carretera y allí ocurrió algo”, sostiene, sin descartar que pudiera haber sido recogida por alguien o sufrir un atropello, aunque admite que no existe una certeza sobre lo sucedido. “Es un caso muy extraño”, admite.
Desaparecida en un trayecto muy corto
Ese trayecto de apenas unos 150 metros es precisamente una de las grandes incógnitas que siguen dando vueltas en la cabeza de Beatriz. Lucía García, que padecía un principio de alzhéimer, salió de casa de su hermana después de haber estado allí unos minutos y tenía que recorrer aproximadamente 100 metros hasta la carretera y otros 50 hasta llegar a su vivienda. Nunca llegó.
La familia siempre ha prestado especial atención a los vehículos que pudieron pasar por la zona aquel día. Beatriz recuerda el testimonio de una persona que había estado durante horas por los alrededores paseando y que aseguró haber visto pasar únicamente dos coches. Uno de ellos fue investigado, según explica, aunque la familia nunca quedó convencida de que aquella línea hubiera quedado suficientemente aclarada. Con el paso de los años, aquel vehículo terminó siendo desguazado.
Beatriz no afirma saber qué ocurrió con su madre, pero mantiene desde el principio la posibilidad de que alguien pudiera haberla recogido durante ese corto trayecto. “Un coche ha pasado y la ha cogido”, se ha dicho muchas veces.
La hija de Lucía considera que la investigación inicial no fue todo lo exhaustiva que debería haber sido. Recuerda especialmente que la familia llegó a realizar búsquedas por su cuenta durante meses y que todavía hoy se pregunta si se revisaron suficientemente las viviendas y los lugares próximos al recorrido que Lucía debía haber realizado aquella tarde. En este sentido, ella ve un paralelismo entre la desaparición de su madre y la de Francisca Cadenas, el mediático caso de Badajoz, y cómo su familia siempre sospechó que la mujer estaba muy cerca de su domicilio.
“Se supone que si una persona desaparece en una cortijada pequeña, lo normal es que todas las casas se registren y se pregunte a los vecinos una y mil veces dónde estaban, de dónde venían, dónde iban. Es lo que yo, en mi poca inteligencia, pienso que se debería haber hecho, pero no se hizo. Y a lo mejor mi madre está más cerca de lo que pensamos, porque Francisca estaba a dos casas de la suya”, plantea.
Una familia marcada por el suceso
La incertidumbre sobre lo ocurrido con Lucía ha marcado también la historia de la familia -formada por el matrimonio y tres hijos, Beatriz, Lucía y Diego- durante esta larga década. El padre de Beatriz murió dos años y medio después de la desaparición de su mujer. Según relata su hija, dejó prácticamente de comer tras perderla y falleció “de pena”.
Aunque se queja de la soledad de la familia en esta búsqueda por parte de investigadores y administraciones, Beatriz quiere reconocer también a quienes durante estos años han seguido ayudándola a mantener vivo el caso. Menciona especialmente a Joaquín Amills, de la asociación SOS Desaparecidos, por su ayuda prestada durante todo este tiempo, y a Paco Lobatón, cuya implicación considera importante para que la desaparición de su madre no haya caído en el olvido. Amills también es de los que opinan que esta desaparición es “muy rara” y destaca que “todas las hipótesis siguen abiertas”.
Diez años después de que Lucía saliera de casa de su hermana y desapareciera sin dejar rastro, Beatriz sigue sin saber qué ocurrió con ella. Ahora, a sus 69 años y ya jubilada, reclama que se pueda volver a mirar allí donde todavía quedan preguntas sin respuesta. “Si no se mira no se sabe”, repite.