La Voz de Almeria

Opinión

ramón crespo

Crítica de arte

Carlos Pérez Siquier en Barcelona

Una exposición de Colecciones Fundación Mapfre dedicada a la obra al almeriense, uno de los grandes maestros de la fotografías

Imágenes que forman parte de la serie ‘La playa’ de Pérez Siquier y que pueden verse en Barcelona.

Imágenes que forman parte de la serie ‘La playa’ de Pérez Siquier y que pueden verse en Barcelona.La Voz de Almería

Creado:

Actualizado:

Durante estos últimos años he visitado con frecuencia Barcelona por motivos familiares y he podido ver algunas exposiciones que han sido, para quien está acostumbrado a las bondades de vivir en provincias, una especie de bálsamo que calma los dolores de la gran ciudad. Por citar algunas, recuerdo la de Antonio López y la de Sean Scully en La Pedrera, o ‘Figuraciones entre guerras, 1914-1945’ en Sala Parés, un recorrido que incluía entre otras obras las de Torres García, Barradas o Togores. Sin embargo, ninguna de ellas por magníficas que hayan sido me ha gustado tanto como la que acabo de ver de Carlos Pérez Siquier bajo el título ‘Colecciones, Fundación Mapfre’, será por ese orgullo de almeriense que uno siente al encontrarse lejos de casa.

Carlos expone en el espai 2 del Centro de fotografía KBr de la Fundación Mapfre al mismo tiempo que lo hace Walker Evans en el espai 1. Las dos salas contiguas se encuentran ubicadas en el edificio Torre Mapfre, un rascacielos con fachadas de muro cortina y cristal construido para los Juegos Olímpicos del 92, en un entorno urbano muy futurista que Barcelona necesitaba añadir a su reconocido inventario de arquitectura modernista.

Las fotografías de Carlos Pérez Siquier y de Walker Evans atraen la mirada de quienes pasean por la cara marítima de la ciudad condal, salpicada de sol y de turistas. La imagen de Carlos es la de una muchacha con gorro rojo, y espalda desnuda, detrás está el mar de un azul que deslumbra porque es el mediterráneo, el mar de los clásicos. En la otra fachada, la que mira a la montaña y a las tripas de la ciudad, la foto de Carlos es la de una extranjera, de mediana edad, sentada tomando el sol en una piscina. Lleva un vestido de tirantes que ha dejado caer quedando sus hombros desnudos, y a la vista una delgada línea de piel sin broncear. Unas gafas de protección solar, del mismo color que el de la toalla echada sobre una silla, ocultan sus ojos. La imagen no tiene, a priori, la fuerza o el nervio de otras fotografías pertenecientes a la serie La Playa, pero resume las sutilezas del artista captando ese momento de intimidad, y una belleza alejada de cualquier retrato pictórico, reivindicando así la fotografía como verdadera expresión artística de nuestro tiempo. A su lado, en blanco y negro, la imagen de Walker Evans muestra a una pareja en un coche descapotable.

Elegancia

Ver a Pérez Siquier junto a uno de los grandes maestros de la historia de la fotografía como Walker Evans me lleva a pensar cuánto le hubiera gustado vivir este momento, disfrutarlo con esa humildad suya tan inusual en la feria de las vanidades artísticas, con su saber estar y una elegancia de la que no alardeaba pero que era un rasgo de su personalidad y que podemos encontrar también en su obra.

Muchas fotografías de Carlos incluidas en esta exposición por Eva M. Vives, comisaria de la muestra, estaban guardadas en mi memoria, porque son parte de mi educación sentimental, y por supuesto de la de muchos amantes de la fotografía. Un artista que enseña a mirar el mundo a través de la gran ventana de la modernidad, pionero más allá de las fronteras peninsulares, en una trayectoria, no olvidemos, iniciada y consolidada desde la periferia, lejos de los centros y las capitales del arte. Su fotografía es inspiradora para las generaciones más jóvenes y creo que lo seguirá siendo para las venideras. ‘Un guiño al futuro’ titula Blanca Lacasa su artículo sobre la exposición incluido en LAREVISTADE Fundación MAPFRE, revista que tiene como portada una fotografía del almeriense.

Siete apartados

La exposición barcelonesa se divide en siete apartados. El inicial, el arranque donde empieza todo, es ‘La Chanca’ 1956- 1962, ópera prima en blanco y negro con reminiscencias del neorrealismo situando la cámara, el ojo, no en la miseria del lugar sino en composiciones donde predominan la dignidad y la belleza. 

Esa mirada se transforma mediante la alquimia del color descubriéndonos una Chanca diferente, reunida aquí en la sección ‘La Chanca en color’ 1962-1965

Luego el fotógrafo abandona la figuración y se arriesga en un estética más próxima a las obras de los pintores que a la de los fotógrafos, una etapa que se recoge bajo el título ‘Informalismos’, 1965

Al mismo tiempo Carlos, en sus viajes por la costa como colaborador del Ministerio de Información y Turismo, realizando trabajos alimenticios, aprovecha también para fotografiar otros motivos y de otra manera, en un proyecto novedoso por el que se le conocerá incluso fuera de nuestras fronteras. En las Colecciones Fundación Mapfre aparecen las fotografías de esta serie en ‘La playa’ 1972-1980. El mismísimo Martin Parr queda sorprendido por las curiosas correspondencias con su trabajo, coincidencias, sin duda, sorprendentes tratándose de fotógrafos que no se conocen, aunque hay que decir que la Playa de Pérez Siquier es anterior en el tiempo a ‘The land resort’ del británico.

Los últimos apartados de esta gran exposición barcelonesa son: ‘Trampas para incautos’, 1980-1992, vuelta de tuerca mediante el trampantojo a una realidad que redescubre un ojo inteligente, ‘Encuentros’, 2002, y ‘La Briseña’ 2015-2017, testimonio íntimo de la cotidianeidad en su cortijo, próximo a Gádor, donde apartándose del mundanal ruido contemplaba el horizonte en esas tardes que se demoran sobre la vega, a sus pies el oasis de naranjos de la cuenca del río Andarax, mientras escuchaba el latido de un corazón verde alimentando la sequedad del paisaje almeriense.

Imágenes en color que conforman la trayectoria de un fotógrafo cuya obra puede vincularse con movimientos artísticos como el informalismo, el pop, etc. Imágenes que despiertan recuerdos de momentos compartidos con el maestro, conversaciones aderezadas con ironía, la que vemos en muchas de sus fotografías, y sonrisas y complicidades. 

De Carlos me sorprendían muchas cosas, pertenecía a esa generación que vivió la guerra, pero sobre todo lo que vino después, si cabe más terrible aún por tratarse de Almería, la pequeña y pobre ciudad que fue hasta el último momento republicana. 

Y sin embargo fue capaz de superar las dificultades, el aislamiento, la falta de libertades, las duras condiciones de vida. Ya octogenario seguía con ese afán de no perder el compás de la actualidad, fuera política, cultural, o la más terrenal y mundana. Hombre y artista interesados por el tiempo que les había tocado vivir, sin rastro de nostalgia, conscientes ambos del presente como el lugar de las oportunidades. Fue capaz incluso de acercarse y coquetear en sus últimos años con la fotografía digital.

No tiene mucho sentido, creo, que un artista como Carlos Pérez Siquier, considerado uno de los grandes fotógrafos españoles, cuya obra puede codearse con la de los maestros de la historia de la fotografía, no tenga en su ciudad un espacio, un centro donde la gente pueda disfrutar de su obra, para deleite y asombro de todos, en primer lugar de los almerienses.

tracking