La Voz de Almeria

Opinión

La Taifa en Almería

“La Alcazaba ya la acaricia la primera brisa fresca del día, pero allá abajo, las ca siguen bajo la bóveda del calor”

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Desde la explanada del primer recinto de la Alcazaba si miramos al este, hacia el Cabo de Gata, el relumbrón de las luces de la feria se convierte en un tenue destello y solo el redondo perfil de la noria, traza la última frontera de la ciudad, parece una muralla de juguetes que acabará desmontándose al día siguiente.


Hasta el promontorio del monumento asciende el eco de las sirenas azules de los coches de la policía y el  lamento grave de las sirenas de los barcos que avisan de su partida. Las músicas, las voces y los gritos a cada momento menos efusivos, se quedan a medio camino y las piedras  de las murallas los sepultan, algunos escapan y parecen cometas que otra vez vuelven a la tierra cuando les falta el aire.


La noche avanza y del día solo queda una nube rosa obstinada, detrás del Faro de San Telmo. El mar oscuro mece la ciudad iluminada, la taifa milenaria de Almería aún habita en el sueño de una tierra que no es una isla, pero lo parece. Somos un continente impropio, una singular península  de endémicos males y nobles esperanzas.


La feria ya se termina, el sudor del festejo se evapora como una nube caliente y humana. La Alcazaba ya la acaricia la primera brisa fresca del día, pero allá abajo, las calles siguen bajo la bóveda de un calor que es fuego y rabia.  Vuelvo a mirar desde aquí, en esta noche siento el latido de  nuestra historia en el corazón del naufrago y el alma de un pirata, lo siento en el tiempo infinito que queda entra la gloria y la decadencia, un tiempo muy nuestro.


Entre todo estos clamores de cuerpos danzantes y ebrios de las vacuas celebraciones y el contento auténtico o fingido, qué más da, de nuestra artificial felicidad. Me pregunto si alguien sabe: qué es la Taifa de Almería. Uno me dice que es una tapa que está de moda en tal bar y además todos los demás asienten  ante la afirmación de sabio.


Llegó buscando la Taifa de Almería al establecimiento en cuestión y es verdad, aparece escrita en una pizarra negra y con esmeradas letras gruesas de tiza blanca, pido una al camarero y me dice que ya no les queda.  Esta es la única verdad de toda esta historia inventada: ¿Taifa de Almería?, lo siento ya no quedan.


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