La Junta podría poner pancartas con las deudas del ayuntamiento
Que ponga las pancartas, que no se arredre la Junta. Si algo necesitamos los ciudadanos-mortales es conocerles a ustedes en toda su naturaleza divina y humana. No está bien que anden escondiendo o amagando sus intenciones ante los votantes. Abran sus almas (¿tienen alma los políticos?) que el pueblo pueda ver y admirar a sus actuales dioses del Olimpo. A algunas diosas habría que pedirles mejor gusto a la hora de vestir, una vuelta por las manos de Cañizares las mostraría en todo su esplendor. No entremos en zona rosa que se puede enfadar mi amigo Antonio Membrives.
La Junta, a través de la diosa representante en Almería, manifestaba a los humanos que ella también podría poner pancartas contra el ayuntamiento. Que las ponga. Indicaba también que no es fácil llevarse bien con el dios que manda en el municipio, que no existe colaboración, que no hay forma de trabajar con el dios del ayuntamiento. Es el gran drama de los dioses. Hablar entre ellos si hablan, pero bajarse de la peana no entra en sus cálculos. El dios LuisRo no va a rebajarse ante la diosa Sonia. Y en esas estamos. No pueden trabajar juntos ni en defensa de los pobres mortales que asistimos indefensos a sus divinas luchas dialécticas. Si la diosa Sonia no se baja de la peana, ya se pueden imaginar que las diosas de mayor altura, Elena o Susana, vayan a rendir tributo alguno al pequeño dios almeriense. Estos dioses inmortales que nos rigen desde las alturas de la política nos darán una larga y dura vida.
Entre los pobres mortales tenemos una máxima: “Si uno no quiere dos no se pelean”. Pero entiendo que en el tema de los divinos e inmortales dioses nosotros no sólo no podemos entrar, es que no tenemos la capacidad y la sapiencia para decirles a nuestros dioses y diosas el comportamiento a seguir. Sería un atrevimiento por mi parte intentar dar un consejo a los ilustres habitantes del Olimpo político. Pero si les dejaría un ruego: Tenga algo de piedad de estos hombres y mujeres que algún día morirán. Hombres y mujeres que les ruegan todos los días por su vida y las de sus familias y que se postran de rodillas ante sus divinidades orando y pidiendo su eterna y divina clemencia. Susana, Elena, Sonia, Luisro: piedad.