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Opinión

Tres sueños para el señor Barcenas

Tres sueños para el señor Barcenas

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Por el ventanuco de la celda vi como un avión cruzaba el cielo y la estela del humo de los motores, quedaba suspendida en el aire durante algunos minutos. Lo peor de la cárcel no es todo lo que pierdes cuando entras aquí, ni tan siquiera que el tiempo tenga esa cualidad odiosa de repetirse,  como si los días fueran siempre idénticos los unos a los otros, porque esto también pasa cuando estás en la calle. Eran mis sueños, lo que me atormentaba y desvelaban durante las noches, parecían una soga alrededor del cuello que duele y asfixia a la vez.

Mi primer día en la cárcel soñé con María Castillejos, una novia que tuve en el bachillerato. Yo iba a recogerla hasta su casa para ir al cine, ella preguntaba para que quería aquellas maletas tan grandes, si íbamos a ver una película, le dije que maletas estaban llenas de billetes. Entonces las abrí y ella no dejaba de reírse, diciendo que sólo era dinero del que se utiliza en el juego de Monopoly, y que parecía un tonto acarreando dos maletones de un lado para otro.

Ayer y a la misma hora que el día anterior, el avión cruzó el trozo de cielo que dejaba ver el ventanuco y pensé que yo iba en aquel vuelo, asomado a la ventanilla podía ver a un hombre que estaba en la cárcel y que también era yo, un hombre del que alguien dijo que nadie podía dudar de su inocencia.  Resultaba raro que volvieran los sueños, había dejado de tenerlos cuando reuní mi primer millón de euros, pero aquella misma noche regresé a ese mundo absurdo y aunque había pedido un somnífero en la enfermería, reaparecieron las pesadillas. Soñé que el juez que me había mandado a prisión, venía a contarme el cuento de los tres cerditos, cuando acabó me arropaba y me daba un beso como si yo fuera su hijo, el caso es que yo también le decía buenas noches papá y él besaba mi frente, lleno de amor fraternal. Antes de la ocho de la tarde se hacía el recuento y todos teníamos que volver a nuestro chabolo, como dicen aquí. Utilice la única pastilla que me quedaba para dormir, pero volvieron los sueños: vi a Mariano Rajoy con un uniforme azul marino como los que llevan los pilotos.

¿Qué haces vestido así, Mariano? Yo soy el comandante del avión que vez cada día ves pasar desde tu celda, Luis, es una pena que sigas sin entender nada.


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