La Voz de Almeria

Opinión

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Con mayoría parlamentaria se puede gobernar, pero si esa mayoría no conecta con la mayoría social, entonces gobernar el país se convierte en un ejercicio de desgaste que torna estéril la tarea. En España hemos entrado de lleno en esa fase. Fue tan elocuente la sensación de desconcierto con la que el Ejecutivo se hizo eco de la apabullante cifra de paro de la última EPA (seis millones doscientos mil parados) que hasta los más firmes defensores del PP han levantado la voz pidiéndole a Rajoy que actúe con energía. Que no se limite a contemplar los acontecimientos a la espera de un milagro en el que solo él parece confiar. Visto el terrorífico panorama laboral, se impone otra política y ha llegado el momento de hablar en serio de pactos. Con más del cincuenta por ciento de los jóvenes en edad de trabajar sin empleo y con cerca de dos millones de familias en el umbral de la pobreza, la situación ha llegado a un punto de emergencia nacional. Un punto en el que partidos políticos, sindicatos y demás agentes sociales están obligados a aparcar sus diferencias y poner en común ideas y planes. El crédito debe fluir para la pequeña y mediana empresa; aquellas empresas públicas que sean prescindibles deber ser cerradas, el gasto público debería orientarse hacia inversiones capaces de generar empleo, las administraciones que se solapan deberían ser reestructuradas, en fin, son decenas de líneas de trabajo las que en un momento como este deberían ser pactadas para enmendar el rumbo actual de las cosas. Un pacto exige dos cosas: lealtad y generosidad. Generosidad y lealtad por parte de todos los que se implican en él. Lo reclama la gravedad del momento. Sería un acto de verdadero patriotismo. No sé a qué esperan.


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