El gran pacto
El gran pacto
Hemos oído hablar mucho sobre la reforma laboral, arbitrada por el Gobierno del PEPA como solución a la crisis, pero sabemos menos de dos de sus principales defectos. A saber, el despido libre y las rebajas de sueldo. No niego la buena intención de la ejecutiva conservadora de querer motivar al empresario para crear puestos de trabajo, pero lo cierto es que el desempleo ha alcanzado la cota de los seis millones doscientos dos mil setecientos parados. Ante esta brutal, espantosa y urgente realidad caben dos opciones: seguir con los consejos austeros de la Meterla de apretar las tuercas por lo irresponsables que fuimos o acercarse a las políticas de crecimiento que ahora preconizan los líderes de Francia e Italia. No se olvide tampoco que esta Fiesta del Trabajo ha estado bien lejos de ser una explosión de alegría. Más de cuarenta manifestaciones han salido a la calle a protestar por toda la península contra las consecuencias nefastas de la reforma laboral. Parece muy puesto en razón un gran pacto nacional capaz de integrar todas las energías de la nación olvidando al mismo tiempo las viejas rencillas egoístas de los partidos. Si de verdad quisieran salvar al país, lo harían sin reservas mirando el bien de los españoles, no si pueden perder las elecciones venideras, Sin embargo, parece que no hay acuerdo. El PEPA dice ahora que no aceptarán políticas antiguas que nos han traído hasta aquí y cabe preguntarse si sus propuestas son tan modernas que no necesitan alguna corrección. Déjense de fantasías. Tal millonada de manifestantes no la mueve sino la angustia con la que viven muchas familias con todos sus miembros en paro. Se escatima la subvención a los dependientes, fieros bocados a educación y sanidad, adiós por mucho tiempo al i+d, jóvenes cerebros al exilio, este país vive ya en la emergencia absoluta, los únicos que no tienen prisa son los que cobran sobresueldos del partido.