Algo más que aguacate, níspero y mango
Las Palmerillas, epicentro de innovación

Foto de familia de todas las autoridades que acudieron a celebrar el aniversario de Las Palmerillas en El Ejido.
Era 1975, el año en que en España empezaron a cambiar muchas cosas; era ese año en el que Almería empezaba a salir en Cambio 16 y no en El Caso, en el que empezaba a acuñarse toda esa liturgia, toda esa leyenda del milagro económico, de la despensa de Europa, del desierto convertido en vergel, porque toda gesta tiene que tener su cantar; era ese año cuando Juan del Águila ‘Juan del Agua’, lo llamaba con tino Fausto Romero, dio varios viajes con un turismo junto a algunos colaboradores y se puso a buscar un sitio, un lugar, un trozo de tierra fértil donde iniciar un centro experimental sobre el que edificar una iglesia de conocimiento agronómico. Hasta que halló esa tierra prometida en el paraje de San Nicolás, junto a la Carretera de Málaga, en lo que entonces se llamaba Campo de Dalías. Ahí se escrituró, de principio, la antigua Caja Rural almeriense, seis hectáreas donde se montaron 13.000 metros de invernaderos experimentales además de una balsa y un almacén: la prehistoria de lo que hoy es uno de los mayores centros tecnológicos del mundo de la agricultura temprana. Fue la continuación de aquellos años juveniles del invernadero, en los que los ingenieros Leandro Pérez de los Cobos y Bernabé Aguilar, a través de la finca de Paco el Piloto, iniciaron una carrera de arena y plástico que sustituyó a los parrales y que ha dado lugar a toda una selva amazónica de más de 30.000 hectáreas de cultivo hortofrutícola que suponen el 7% de toda la producción europea del ramo. Allí empezó la rural con sus técnicos, de forma muy elemental, a experimentar con el cuajado del tomate y otros protocolos y otras variedades de la época, siempre la entidad como adjetivo del sustantivo que es el agricultor. Con el deseo de su fundador de no quedarse solo en un prestamista agrario, sino en ofrecer también un valor añadido no financiero.
Y de esa utopía, de la fantasía de aquel joven abogado de La Cañada, paladín del cooperativismo, fue germinando lo que hoy es el gran centro de investigación de Cajamar que acaba de cumplir medio siglo. Y ahí sigue, con mesas redondas y conferencias, con sus aguacates, nísperos y mangos, como formidable ecosistema del conocimiento agro, con la agricultura regenerativa, con el desarrollo del control biológico, ampliando instalaciones, ampliando horizontes, como soñó su fundador cuando detuvo el coche en aquella finca daliense.