La Voz de Almeria

Opinión

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A la sociedad  española le está ocurriendo lo que al hijo de Armstrong que creía que su padre era un héroe, con siete “tours” en sus vitrinas, y ahora tiene que tragar con que el héroe es falso. Ante tanta miseria moral, el propio padre no ha podido soportarlo reconociendo públicamente  su cobardía con lágrimas en los ojos.  Veremos cuándo los corruptos de este país, que son legión, reconocen también sus ocultas felonías dinerarias. Los sociólogos, al tratar de explicar los avances y retrocesos de una sociedad, acuden al tirón de las personalidades atrayentes. Ortega les llamaba personalidades “vertebradoras”. Los sociólogos marxistas, en cambio, confiaban más en las fuerza transformadora de las masas anónimas. Sea cual sea la tesis escogida, lo que parece cierto es que necesitamos modelos edificantes para seguir viviendo. Después de más de treinta años de democracia, la sociedad española se ha quedado sin modelos. No diré que los más aptos no existan sino que están en la sombra. Muchos de ellos  a lo mejor salen a protestar y a imponer la moral pública, pero los nuevos amos creen que están locos.  Ahora bien, entre esos dirigentes hay, según se ha publicado, más de  trescientos nombres  de imputados corruptos. ¿Adónde vamos con esta cuerda de indeseables al borde del abismo? El pueblo español  comienza a no creer en sus dirigentes. Necesitamos una nueva moralidad en la política si no queremos entrar en ese reino oscuro y arbitrario de la irracionalidad, caldo de cultivo del fascismo, de izquierda y de derecha. Volver como mínimo a aquel impulso socializador que logró la transición pero sin la  apestosa basura de logreros, arribistas y corruptos.


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