La Voz de Almeria

Opinión

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Todo nuevo cargo merece, a excepción de Rajoy I el Pérfido (faltaría más) un plazo de inmunidad en la crítica política por razones de cortesía democrática y porque es necesario un tiempo para ensamblar equipos y ponerse en marcha. Si ese plazo no establecido formalmente (se suele hablar de los primeros cien días) coincide, además, con el verano, coincidirán conmigo en que no parecería demasiado elegante saludar ahora al nuevo cuadro de mandos de la Junta de Andalucía en Almería con fuego graneado e impregnaciones diversas. Por lo tanto, permítanme que centre mi comentario no tanto en los que llegan, a los que desde aquí deseamos todo tipo de parabienes, sino en los que han estirado tanto tiempo este vacío de poder. Hagan la cuenta. Las elecciones fueron en marzo. Faltan dos semanas para la Feria y esto es Almería. Es decir, que en el mejor de los casos, los nuevos equipos estarán operativos y trabajando a primeros de septiembre. Y cuidado: no vale con pasear a los delegados y delegadas por las casetas, que ese truco está muy visto. Una administración que presume de ser tan eficaz y próxima a los andaluces y las andaluzas no puede tener el santísimo cuajo de tener su maquinaria administrativa en compás de espera por la sencilla razón de que el partido que sostiene al gobierno autónomo haya estado cuatro meses petroleándose los bajos. Es, tal como uno lo ve, una falta de respeto al contribuyente que se agranda en este contexto de crisis a la altura de la indecencia política. Y es que los nuevos cargos podrán llegar con toda la ilusión, las ganas y la responsabilidad del mundo. Pero sobre todo, llegan con retraso.


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