Nacionalismos
Nacionalismos
El león que marca su territorio con orines. Desde este árbol a aquella laguna medio seca todo es suyo, o eso cree. Pobre del que se acerque. Entre aburrimientos y sueños de grandeza, el león ve pasar la luna por encima de los árboles y ruge de no poder alcanzarla. No le importa morir desgarrándose para espantar a cualquiera de su especie que le haga la competencia. Si tuviera inteligencia se habría confeccionado una bandera, un ejército, un club de fútbol. Ahora bien, más vale así, el león es solo instinto; el hombre es algo más. El hombre inventa teorías sobre la raza, marca la geografía, cree en la geopolítica y va una y otra vez a la guerra. Cuánto monstruoso y loco bombardeo por culpa de los nacionalismos. Echemos mano de esas enciclopedias que nunca leemos. Millones y millones de muertos por la idea de nación, qué digo idea, un simple sentimiento. Ahora como entonces -me refiero a las dos últimas guerras mundiales- tan pronto ha empezado a ir mal la economía, suena la trompeta del alistamiento nacionalista. Proa al abismo. Un pueblo como el catalán tan realista, tan creativo y modernista quiere separarse. ¿Qué pasa? ¿ Es que ya no recuerda la parálisis mental del nacionalismo? ¿Qué mal le pueden hacer los quinientos millones de hispanohablantes a unos señores que prefieren la lengua del terruño? Y en el pueblo vasco idem de idem. También aquí optan por el león que orina marcando su territorio. Yo no soy ni quiero ser nacionalista. Lejos de adoptar costumbres y colores de otras regiones, prefiero parecerme a los ciudadanos del mundo sin fronteras.