La Voz de Almeria

Opinión

Las escaleras del Apolo

Última entrega de la serie de artículos ‘Oído en la taberna’

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No hace mucho, durante una visita al Museo de la Guitarra, me encontré frente al busto del maestro Richoly teniendo que explicar a mi hija Paula la enorme importancia que tuvo para la música de nuestra tierra aquel viejo amigo de su abuelo Ramón.

Recordé el gran respeto que, con solo diez u once años, sentía al bajar las escaleras que me llevaban al sótano del primitivo Teatro Apolo portando el laúd con el que mi padre me animó a lanzarme al vertiginoso mundo de la música. Y eso para él estaba perfectamente representado por la rondalla que dirigía aquel caballero de la guitarra. Con Richoly di mis primeras clases, como tantos otros almerienses, incluido su aventajado alumno Jesús Miranda Hita, con quien tuve el placer de compartir charla y buena música hace unos días.

Existen coincidencias entre mi trayectoria y la de Jesús, pero en todas me deja en mantillas: comenzamos con Richoly, pero él terminó perteneciendo a su trío. Escribimos en este diario, pero él trata asuntos importantes como la inmigración y los asentamientos y un servidor, ya sabéis, de mis coplillas favoritas. Por último, ambos somos funcionarios, pero él actualmente ocupa el cargo de Inspector General de la ONU y a ver quién supera eso.

Entre mis vinilos más preciados se encuentra Música para tres guitarras, donde Jesús, junto a su hermano Francisco Luis y el añorado Richoly como líder dejaron constancia fonográfica de una carrera de casi dos décadas. Con tremenda sensibilidad y envidiable técnica, arreglaban e interpretaban piezas de la música española y sudamericana, tanto clásica como popular, incursionando incluso en el pop de unos tal Lennon y McCartney. Y quizá algunos no sepan que los hermanos Miranda también formaron parte de la banda de Carlos Cano, siendo arreglistas y directores musicales de varios de sus discos.
El maestro Richoly, los hermanos Miranda Hita y tantos otros magníficos músicos almerienses están a la misma altura que aquellos foráneos que suelen inspirar mis comentarios semanales. A veces cuesta percatarse del talento cuanto más cerca se tiene. Prometo tenerlo en cuenta más a menudo.

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