Un hermoso día
“Rozando el nuevo milenio, McCartney sorprendió con uno de sus mejores discos, ‘Flaming Pie”
En el arte nunca se sabe si la inmediatez y la improvisación van a ser un beneficio o acabar siendo un lastre para determinada obra. Keith Jarrett grabó su famosísimo concierto en Colonia cansado, cabreado y con un instrumento en mal estado. Resultado: el disco para piano solo más vendido de la historia de la música. Pero las cosas no siempre son así.
Paul McCartney grabó atropelladamente su primer disco con Wings —ya os lo conté en su día—, y no consiguió más que un aprobado “por los pelos”. Pero en otras ocasiones Paul decidió dorar a fuego lento sus canciones como cuando, rozando el nuevo milenio, sorprendió a los fans con uno de sus mejores discos, Flaming Pie. Algunas de las composiciones que incluyó en esta reposada colección de joyas del pop-rock llevaban la friolera de once años guardadas en su cajón.
Es un trabajo impregnado de nostalgia por su feliz juventud como miembro de la banda más especial de la historia, posiblemente provocada por las sesiones de los Anthology en las que se reencontró, de una forma u otra, con sus tres antiguos colegas. Un claro ejemplo es el tema homónimo, basado en la historia que inventó John para justificar el nombre de The Beatles. O aquellos otros que evocan su época dorada en el grupo, como Young Boy o The World Tonight. Y esa clara referencia a los momentos de compañerismo con Lennon, The Song We Were Singing, en la que evoca esos días en los que no paraban de escribir obras maestras al alimón.
En la vertiente acústica destacan pequeñas gemas como la triste Little Willow —dedicada a Maureen Starkey, fallecida poco antes—, o Somedays, una nueva declaración de amor a Linda que resultó lamentablemente profética. Y, sin abandonar los tiempos lentos, la curiosa y gilmouriana colaboración de su hijo James en la perezosa Heaven on a Sunday, o el desarrollo armónico de uno de sus temas más bluesy, Souvenir.
Cierto es que contiene también el resultado de alguna jam en el estudio —como Really Love You—, con el único aliciente del apoyo rítmico de su viejo amigo Ringo y la siempre interesante aportación de Jeff Lynne, que además ejerció de productor en la mayoría de los temas. Sugestivo también el reencuentro con su viejo colega Steve Miller, con el que se marca tres temas tan contundentes como interesantes.
Pero, para mí, la joya de la corona es Beautiful Day, una composición que maceró durante más de una década antes de dejarnos degustarla. Prestad atención al final del tema y escuchareis una frase de Ringo que refleja a la perfección todo lo que transmite un trabajo que va a lograr que tu día sea más hermoso.