La Voz de Almeria

Opinión

Jose Fernández
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De todas las vertientes del oficio que vengo probando en este rincón, la de consejero sentimental se me venía resistiendo, más que nada porque soy respetuoso con los albures afectivo-sexuales de mi entorno cercano. Y siendo así, no entendía las razones por las que debía dedicar parte de este espacio a la exhortación afectiva. No obstante, la actualidad ha dejado en el rompeolas de mi teléfono una noticia que pide a gritos una reflexión compartida sobre los afectos solicitados. En la cala de los Muertos (Carboneras) ha aparecido una pintada en uno de icónicos acantilados con el siguiente texto: “Rocío, ¿quieres casarte conmigo”. Esa pregunta, marcada en rojo sobre la piedra acariciada de sal y sol, es un grito infame que rompe la paz de la playa y confirma el daño que el matrimonio hace a veces a las relaciones de pareja. ¿No tenía la mano enamorada una cuartilla o incluso el lienzo de sus propios labios para escribir la pregunta angular que suele cambiar vidas y rumbos? No tengo respuestas para esas preguntas, aunque sí para la que muchos se estarán haciendo. ¿Es completamente imbécil quien ha sido capaz de hacer algo así? La respuesta es sí; rotundamente sí. Y es que hace falta ser idiota para bajar hasta la Cala de los Muertos con un spray de pintura y dejar allí el testimonio capitular de tu amor. Pero de tu amor por la majadería. Y conste que concedo a la persona responsable el beneficio de la duda de no considerar el hecho como vandálico, pues quien quiere hacer el gamberro pintarrajea otras cosas. Y como si este espacio fuera escrito por la mismísima Elena Francis, la consejera sentimental que nunca existió, me gustaría decir ahora: “Querida Rocío, no afrontes la pesada carga de convivir largos años o, quien sabe si el resto de tu vida, con alguien así. No te cases con él, o con ella.” Y si averiguan quién ha sido, debería borrar la piedra con la lengua, por zoquete.  

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