Rocío: no te cases con él. O con ella.
De todas las vertientes del oficio que vengo probando en este rincón, la de consejero sentimental se me venía resistiendo, más que nada porque soy respetuoso con los albures afectivo-sexuales de mi entorno cercano. Y siendo así, no entendía las razones por las que debía dedicar parte de este espacio a la exhortación afectiva. No obstante, la actualidad ha dejado en el rompeolas de mi teléfono una noticia que pide a gritos una reflexión compartida sobre los afectos solicitados. En la cala de los Muertos (Carboneras) ha aparecido una pintada en uno de icónicos acantilados con el siguiente texto: “Rocío, ¿quieres casarte conmigo”. Esa pregunta, marcada en rojo sobre la piedra acariciada de sal y sol, es un grito infame que rompe la paz de la playa y confirma el daño que el matrimonio hace a veces a las relaciones de pareja. ¿No tenía la mano enamorada una cuartilla o incluso el lienzo de sus propios labios para escribir la pregunta angular que suele cambiar vidas y rumbos? No tengo respuestas para esas preguntas, aunque sí para la que muchos se estarán haciendo. ¿Es completamente imbécil quien ha sido capaz de hacer algo así? La respuesta es sí; rotundamente sí. Y es que hace falta ser idiota para bajar hasta la Cala de los Muertos con un spray de pintura y dejar allí el testimonio capitular de tu amor. Pero de tu amor por la majadería. Y conste que concedo a la persona responsable el beneficio de la duda de no considerar el hecho como vandálico, pues quien quiere hacer el gamberro pintarrajea otras cosas. Y como si este espacio fuera escrito por la mismísima Elena Francis, la consejera sentimental que nunca existió, me gustaría decir ahora: “Querida Rocío, no afrontes la pesada carga de convivir largos años o, quien sabe si el resto de tu vida, con alguien así. No te cases con él, o con ella.” Y si averiguan quién ha sido, debería borrar la piedra con la lengua, por zoquete.