La doble vara y la desmemoria
Nuestro nivel de indignación o molestia ante las cosas no depende de lo que se hace, sino de quién lo hace. Ante un mismo hecho, las reacciones son dispares si este es cometido -o perpetrado, que en eso también hay diferencias- por una persona u otra. Y esta situación, tan habitual en la vida cotidiana, alcanza sus máximas cotas de expresión en el terreno político, donde hace años fueron abolidos el decoro y el sentido común para dar paso a la impostación y la gestualidad.
Es decir, eso que los menos leídos llaman ahora postureo. Valga como ejemplo la pajarraca que desde el entorno del PSOE almeriense se pretende montar contra el nombramiento de personal de libre designación por parte del alcalde de Almería, que es del PP. Y aunque el mero nombre de “puestos de libre designación” define y cierra las posibilidades de debate, hay quienes parecen haberse instalado en el enojo constante de la frustración electoral y consideran sospechoso y delictivo todo lo que hace el Ayuntamiento de Almería, aunque esté amparado por la ley. Y así, los recientes nombramientos de personal de libre designación por parte del alcalde ocultarían, según los disgustados de guardia, las más feas e inconfesables prebendas. Y aunque se trata de una especulación carente de la más mínima prueba, creo que no ha habido entre los populares casos de impudicia contractual comparables a los sucedidos durante la última vez que el PSOE gobernó la Diputación de Almería.
Si lo recuerdan, al final acabó descubriéndose que buena parte de los asesores personales del presidente Usero (todos ellos militantes socialistas o consanguíneos de la dirigencia) admitieron no conocer al señor Usero, quien tampoco conocía las funciones y hasta la ubicación de los despachos de sus nombrados. Y no olvidemos al asesor de Sostenibilidad de Diputación del PSOE, que fue arteramente grabado diciendo que él “sólo sabía sostener botellines.” Frente al relato de la sospecha, hagamos valer la memoria.