Tienen que ponerse de acuerdo
El resultado electoral del pasado domingo hay que procesarlo al margen de las matemáticas y las siglas, porque lo que salió de las urnas hace unas horas fue un cambio de perspectiva acorde con la dimensión real de nuestras posibilidades como comunidad. Un cambio que amplía el horizonte de la mirada de los andaluces sobre nuestra propia tierra. Una oportunidad histórica de apostar por una Andalucía diferente a todo lo que hemos conocido los andaluces vivos. Andalucía es muy grande, muy rica y muy diversa.
Es, sin duda, la comunidad con más proyección y futuro de toda España y no se entendería, por tanto, que las mismas mecánicas y las oxidadas inercias del partidismo desfasado privasen a los andaluces de la posibilidad de hacer, por fin, algo que muchos hemos venido demandando desde hace tiempo: poner Andalucía a funcionar.
Y ese cambio es ahora posible. Andalucía debe reconocer y aprovechar su potencialidad otorgando más protagonismo a provincias como Almería, relegada y ralentizada por la visión centralista que ha impuesto el PSOE en la Junta de Andalucía a lo largo de casi cuarenta años de régimen clientelar, que ha hecho de la mediocridad una norma y del conformismo un código tácito. Andalucía debe querer ser más y debe negarse a aceptar nada que no sea lo mejor, superando de una vez el discurso de que lo alcanzado es lo único y lo mejor a lo que podemos aspirar. Por lo tanto, parece necesario que las tres fuerzas políticas que han obtenido un número de escaños suficientes como para formar un gobierno de cambio alcancen un acuerdo. Y deben hacerlo con altura de miras, sin personalismos insensatos y evitando peajes extremistas que dificulten el necesario acuerdo. Sólo así seremos capaces de liberarnos del ambiente viciado que han generado estas cuatro décadas ininterrumpidas de gestión fallida en Andalucía. Pocas veces la metáfora del aire fresco tiene más sentido y se hace más perceptible en un escenario político concreto. Hay que abrir las ventanas.