Lecturas
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Tal vez sea oportuno leer de nuevo a don Carlitos Marx. Aviso para ingenuos mal pensados: El marxismo no es el Gulab ni el Telón de Acero ni Stalin, sino una teoría para explicar, entre otras cosas, las contradicciones del capitalismo. Según esta teoría la democracia formal burguesa no sería más que un recurso para detener el proceso revolucionario contra el capital. Habrá quien juzgue esta cita como una antigualla ya superada, pero la crisis nos está enseñando demasiadas cosas estos últimos días. La derecha europea cifra su éxito en la austeridad y el despido casi libre. Es evidente que quien más puede pagar los platos rotos es el trabajador por cuenta ajena: las reformas laborales apuntan a favorecer al posible empleador y al empleado que le parta un rayo y no lo fusilan al amanecer porque mancha mucho las paredes. A este orden colaboran los bancos, las asociaciones de empresarios y de manera menos visible las iglesias. En Europa, salvo algunos puntos donde alienta la socialdemocracia, tiene su reinado la derecha civilizada y a medio civilizar, pero derecha al fin. España es punto y aparte. Tras la guerra civil siguió el invierno sin fin de la dictadura franquista. Los asesinatos que cometió la izquierda revolucionaria los pagó bien pagados. Ahora bien, los vencedores, después de ser aclamados por todo el país entre aclamaciones y banderas victoriosas, fueron homenajeados como héroes. En este plan es claro que no se iban a molestar mucho en sacar los huesos de las cunetas anónimas de los rojos. Además se blindaron muy bien los vencedores contra posibles leyes de la memoria histórica que siempre son molestas por pasadas de moda. Total que las familias de las víctimas iban buscando un Guerrillero del Antifaz y lo encontraron en Garzón. Ah pero había un obstáculo, la Ley de Amnistía. No deja de ser sintomático: a lo que parece, algunos de los que se lavaron las manos en otro tiempo, se han querellado ahora contra Garzón con el sugestivo nombre de Manos Limpias.