Sánchez: el puño y la losa
La reciente noticia de la muerte de Manuel Marín no sólo nos habla de la desaparición de un hombre bueno en el buen sentido de la palabra y de la obra, de un auténtico enamorado del Levante almeriense y de un político socialista que supo tener visión de Estado y conocimiento real del tiempo que le había tocado vivir. El legado de Marín, que dejó el escenario político cuando el inolvidable Zapatero comenzó a hacer de las suyas, proyecta una terrible sombra comparativa con otros socialistas que ahora ocupan el primer plano, como el cada vez más inexplicable Pedro Sánchez, que vuelve a las andadas con la idea peregrina de catalizar el interés de los progresistas españoles desenterrando a Franco. ¿De ese modo conecta el líder socialista con las preocupaciones de los españoles? Si es que no se habla de otra cosa en la calle que no sea la necesidad imperiosa de sacar los despojos del dictador de la tumba y, de paso, los de Primo de Rivera, también por franquista, aunque muriese antes de poder demostrarlo. En alguna ocasión he comentado al respecto (lo de la política forense es un clásico ya para algunos muy progres) que se podría aprovechar la exhumación para encausar al dictador y enjuiciarle, tal como hizo el Papa Esteban VI con su predecesor, el Papa Formoso, a cuyo esqueleto sentó en el banquillo. Lo que me pregunto es qué razón impidió al partido Socialista este desentierro cuando tuvieron el poder ejecutivo durante décadas y contando además con la proximidad temporal. Ahora Franco lleva en la tumba más tiempo que el que pasó en el Pardo imponiendo su voluntad. Si con sacarlo de la tumba se borrase el recuerdo y el daño de su legado autoritario, con mis manos contribuiría a sacarlo. ¿Qué sentido tiene hacerlo ahora? ¿Esto es todo lo que el PSOE tiene que ofrecer a los españoles en este momento? A ver si la verdadera losa del PSOE va a ser el señor Sánchez.