Oh, balansé-balansé
Oh, balansé-balansé
Afectado por severos y, al parecer, inexcusables motivos de agenda, el señor Zapatero no ha viajado a Quatar para tomar parte del Foro de la Alianza de Civilizaciones, que está celebrando allí su cuarta y no sabemos si última edición. Ante tan notable ausencia, el Gobierno ha enviado al lejano emirato a don Manuel Chaves, que ha continuado esparciendo por allí las semillas que lleva el viento sobre la tierra que no es de nadie. Y don Manuel ha dicho a los enviados y al público en general que el balance de la Alianza de Civilizaciones ha sido “positivo” y que ha obtenido unos resultados “alentadores”. Más que balance, balanceo es lo que siente uno leyendo eso. Discúlpenme si obvio ahora el grosero capítulo de la relación de costes y beneficios de la ocurrencia, aunque a nadie escapa que montar estos festivales de la canción cuesta un dinerito bastante apañado. Pero no entremos en eso, que nos evitaremos un certamen de rapsodia de los apóstoles del flower power y el buenrrollismo planetario. No hablemos de dinero; hablemos de realizaciones. ¿Dónde están esas acciones positivas y esos resultados alentadores? Discúlpenme, pero es que no me he enterado. Y es que esta estrambótica alianza de nadas y sueños no puede inscribirse en el capítulo de las realidades, sino en el de las aspiraciones, porque aquí ha habido quien ha confundido la acción de gobierno con la supervisión de nubes. Y así nos ha ido. ¿Qué queda de esta Alianza? Pues lo que escribió Cervantes hace cuatrocientos cincuenta años: “Caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese… y no hubo nada." Una nada muy entrañable, sí, pero nada al fin y al cabo.