La Voz de Almeria

Opinión

La estructura del deseo

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Crees que el deseo tiene una forma, una concreción posible en el espacio, podrías dibujarlo, hacer un proyecto?. Quien habla no busca una respuesta, quiere examinar mi reacción y cada uno de mis gestos. Intuyo que es adecuado sorprenderle y encajar con naturalidad la pregunta, eso le gusta a Leonard Hofman, algo más que administrador de fortunas, hombre de confianza de los capitales más refinados y gente de poder con buenos principios. - Ni tiene y no la necesita. El deseo es una provocación que encuentra respuesta pero todo lo justifica. Piense en la arquitectura, Sr. Hofman, ha perseguido desde siempre el deseo de servir al hombre, protegiéndolo, facilitando las cosas, buscando su conmoción por la belleza o por las dimensiones, la armonía o la fuerza. -¿Ya sabe que hice votos de pobreza?. Que carezco de propiedades, no piso los hoteles y cuando viajo tengo donde dormir gracia a la hospitalidad de personas como usted. Eso reduce de forma considerable la ambición ¿Cree que la ambición es un deseo o una provocación? Preguntó Hofman. No sabía si el caustico Hofman, se reía de mí o amaba las cosas concretas y las respuestas simples. La duda se le antojaba una ineptitud para alguien en quien había pensado que fuera el arquitecto de una idea o un lugar llamado deseo. Antes quise decirle, que podemos encontrar una concreción espacial que sugiera o haga nacer deseos, que convulsione la mente del hombre y propicie reacciones, pero tenemos que precisar lo que estamos buscando. -Quiero que crees una arquitectura que no incite a ningún apego que sea como una renuncia en sí mismo, que al traspasarla o poner los pies dentro, la lacra del deseo se apacigüe y vaya muriendo poco a poco. ¿ Será posible conseguirlo? -Acaso lo que planteas no es una contradicción. -Así es, pero los idiotas son las únicas personas que no se contradicen dos o tres veces cada día. Necesito descansar, es posible hablar mañana delante de unos planos. ¡ Ah!, tengo la costumbre de despertarme ante de las cinco. Disponía de pocas horas y no tenía nada en claro. Una imagen absurda se repetía, un hombre está ante un muro blanco, extenso; casi no lo abarcan los ojos. Un manzano marca la mitad del muro y al lado una puerta pequeña, puedes ir hasta el árbol y coger una manzana, entonces no podrás abrir la puerta y todo seguirá igual, pero quizás escojas dirigirse hasta la puerta y traspasar el muro, entonces todo se vendrá abajo, sólo hay que buscar un mecánica que recomponga el muro. A la mañana siguiente, Leonard antes que pudiéramos hablar dijo que el proyecto era para mí, pero tenía que solucionar un último detalle. Quise saber a que se refería y él dijo que iba ser difícil lograr que el manzano tuviera siempre frutos.

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