La Voz de Almeria

Opinión

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Hace unos días, cuando leí el bando del alcalde instando a los almerienses a que engalanásemos “ventanas y balcones con la Bandera de España, contribuyendo de este modo a rendir homenaje al símbolo que a todos nos representa”, sentí vergüenza al ratificar que el máximo exponente político de la ciudad no difiere con una mayoría preocupante de políticos en nuestro país; seguramente es que no hay nada más importante en la ciudad que contribuir a echar más leña al fuego al problema catalán. Recordé imágenes del Nodo, de la España profunda con calles engalanadas para recibir a Franco con aplausos y sonrisas forzadas, por miedo a ser señalado.
Siempre he sido un defensor de los símbolos constitucionales, pero no podemos permitir que nadie los usurpe  como le venga en gana. El momento actual requiere de menos impulso sentimental, más cordura y altura humana y política. Por eso, llamar a que los almerienses “fortalezcamos el sentimiento de unidad en torno a una Bandera”, me parece de lo más primario y pobre políticamente. Habría preferido un bando que abanderara la justicia social, la igualdad, la solidaridad, la empatía y la concordia. Ante un problema que no se ha sabido ni querido atajar desde el principio, por una clara incompetencia del gobierno central, una huída hacia delante de un partido nacionalista catalán atrapado en la corrupción y unos políticos catalanes radicales a los que les da igual saltarse la ley, no basta con aplicar el 155 sin más, como tampoco continuar haciendo “un Rajoy” o saltarse la ley. Y es que el sentimiento que tiene hoy el pueblo catalán no lo cambia ninguna ley porque, como dijo Cicerón “Donde quiera que se esté bien, allí está la patria.”, y es evidente que son muchos los catalanes que no están bien en España, ¿será mejor solucionarlo dentro de la legalidad y sin virulencia que liarnos a mamporros?


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