La fábrica de salchichas del PSOE
He de admitir que las escenificaciones que explican la conquista o el tránsito del poder en los partidos me despiertan el mismo interés que un manual sobre el cultivo del repollo o una conferencia sobre los lamelibranquios cantábricos. Pero a veces, en la planicie inerme de la indiferencia, pasa volando un matojo o brinca un grillo que me despereza y sorprende. Y eso pasó el domingo pasado cuando leí las declaraciones del aparente macho alfa en el documental caprino que ha montado el PSOE Almería para cambiarlo todo sin que nada cambie. Hasta en la Sierra de Cazorla han debido escuchar el estruendo del seco crujido de cornamentas que supone decir, como dijo el actual Secretario Provincial, José Luis Sánchez Teruel: “Creí que Pérez Navas aceptaba dedicarse a la alcaldía: luego descubrí que no”. No sé si calibran el alcance del restregón, pero la frasecita se las trae. De entrada, porque evidencia que el PSOE ya está preparando un cabeza de cartel para las Municipales de 2019, en donde tendrán que buscar a un hombre más joven que Pérez Navas y que no desentone en las vallas. Pero esa es una columna que no toca escribir ahora. Lo que toca es mostrar una cierta solidaridad por el papelón que tiene por delante el senador Pérez Navas en los meses que le quedan al frente del Grupo Municipal del PSOE. Y todo por la funesta manía socialista de jugar a ser los más modernos, los más transversales y los más transparentes, lo que a fin de cuentas sólo significa retransmitir en directo el tradicional apuñalamiento que conlleva cualquier cambio de ciclo en los partidos. Y es que todos estos procesos son tan esclarecedores como los reportajes que muestran el proceso de fabricación de las salchichas, que sólo consiguen que descienda el número de consumidores o que cuando nos toque comer una salchicha, lo hagamos llenos de prevención y no sin una razonable dosis de asco.