La Voz de Almeria

Opinión

Publicado por

Creado:

Actualizado:

En el verano de 1987, un joven redactor en prácticas (lo de los becarios llegaría después) comenzó a firmar sus primeras piezas en la prensa almeriense, en concreto, en el diario “La Crónica”. En el otoño de ese año, a ese alevín de reportero le asignaron la sección de municipal, lo que le permitió descubrir el apasionante ecosistema de concejalías, funcionarios, secretarios y secretos que pulula en ese manglar bajo mazas que es un ayuntamiento. Han pasado ya treinta años,  pero la memoria no ha difuminado tanto mis recuerdos como para no recordar que ese muchacho era yo mismo, haciendo mis primeras armas, metiendo mis primeras patas y haciendo el trabajo como mejor podía. El tiempo y los acontecimientos han ido moderando y corrigiendo algunas cosas, supongo que empeorando otras y, sobre todo, me ha permitido ampliar la visión global de la Institución más cercana. A lo largo de estos años, los almerienses hemos sido testigos de una actualidad municipal llena de momentos de severa institucionalidad, de pompa circunstancial o de circunstancias más o menos leves que han explotado, ingrávidas y gentiles, como pompas de jabón machadiano. Hemos visto de todo, pero nunca habíamos asistido a un tejemaneje de salidas y entradas como el que ha protagonizado días atrás el Grupo Municipal de Ciudadanos, con un juego de puertas giratorias propio de los vodeviles programados por la gran Manolita Chen, con primeras vedettes, maridos burlados, cadáveres en el armario y mucho movimiento. Nunca habíamos visto a un concejal salir abjurando de su propio grupo para solicitar reincorporarse a él a los pocos días, proclamando ufanamente que aquí no ha pasado nada. Y esto no sólo daña al escogido cuadro de actores de estos entremeses, sino que daña la imagen del Ayuntamiento como institución de servicio público. Alipori o, si lo prefieren, vergüenza ajena.


tracking