El hombre que mató a Gadaffi
El hombre que mató a Gadaffi
Ahora en cualquier ciudad y en muchos pueblos encuentras a alguien que dice haber matado a Gadaffi o que estuvo allí , cuando cayó preso y lo vio todo con sus ojos, pero el único que tiene su pistola de oro y aún la conserva es mi hermano, nadie más. A los pocos días de terminar la guerra, estuvieron en mi casa unos periodistas extranjeros y hablaron con Abderrahman, así se llama mi hermano, le convencieron para hacerle fotos empuñando aquel arma y para que contara lo que pasó. Esas fotos dieron la vuelta al mundo, pero después un soldado confesaba haber sido él, le siguió un rebelde de Bengassi, un Shabah de Zawiya... la lista aumentaba y ya nadie daba importancia aquello. Madre dijo que era mejor así, para que dejaran tranquilo Abderrahman, que había sufrido demasiado con la guerra. Nuestro tío quería que fuera a verle a su casa en las montañas de Nafusah y que yo le acompañara, pues aún no me conocía. Partimos de madrugada dejando atrás nuestra ciudad, antes de perder de vista a Misrata, mi hermano se detuvo para contemplarla, arrasada a golpes de venganza y odio. Nos paramos junto a unos surtidores de gasolina y un hombre de una camioneta reconoció a mi hermano, empezó a besar sus manos y a bailar a su lado, quería llevarnos hasta la casa de mi tio, pero Abderrahman buscó una excusa y nos quedamos en el valle de Sidi Bachir, prefería llegar hasta la montaña ascendiendo por el cauce del río seco, sólo se tarda dos días. Cuando empezó atardecer buscamos un lugar para pasar la noche, nos refugiamos debajo de una higuera muy grande y cogimos algunos palos secos para prender un fuego, poder calentarnos y tomar un poco de te. Abderrahman se quedó dormido enseguida y empezó a delirar en sus sueños, gritaba como un loco que tiene miedo, lo desperté no podía verlo así. Su cara estaba empapada de sudor y sus manos aún temblaba. -Eres la única persona que conozco que aún no me ha preguntado como maté Gadaffi, dijo mi hermano con la mirada desencajada. -No te lo he preguntado porque no lo quiero saber. Un día soñé que estaba dormido debajo de un cerezo aún más grande que esta higuera, los pétalos blancos de las flores del cerezo caían sobre la hierba que crecía al lado del río y yo estaba allí dormido junto a Layla, en una tierra que nunca había visto. -¿Qué tiene ver tu sueño con todo esto ? -Nada, sólo quiero decirte que prefiero que cuentes algo hermoso, aunque te cueste trabajo recordarlo. -Cuando estas en una guerra y tienes que matar, lo más sucio no es si matas a uno o a cien hombres, lo peor es no llegar a sentir asco por tanta muerte. Así que lo más hermoso que me ha sucedido durante todos estos meses es tener asco. -Duérmete Abderrahman, mañana será otro día.