La Voz de Almeria

Opinión

¿Han sido 49 o 52 los muertos en el mar de Alborán?

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Nuestros políticos se han rasgado las vestiduras, han puesto nuestras banderas a media asta y el grito en el azul cielo que despedía a los ahogados en el mar de Alborán. Se han dado golpes de pecho, muchos golpes de pecho, y han jurado que van a luchar contra los que trafican con estos hombres y mujeres a la hora de cruzar el angosto Mediterráneo. En la foto de prensa han quedado de perlas: ¡Qué buenos son y qué preocupados están nuestros políticos por esas personas que se juegan la vida por llegar a un mundo algo mejor! ¡Por esos cincuenta y dos muertos que se han quedado para siempre en el mar! ¿Y qué hemos hecho con los tres supervivientes? Unos jóvenes de entre diecisiete y veinte años. Los hemos trasladado al hospital, los hemos curado de sus heridas y ante el miedo y los temblores de estos jóvenes por las muchas horas pasadas en el umbral de la muerte, viendo como sus amigos, compañeros y uno de sus hermanos moría delante de ellos sin poder hacer nada por ayudarles, los servicios sanitarios han intentado con palabras, gestos y cariño que olvidaran esos duros momentos vividos en el mar, ante unas fuertes olas que se iban llevando poco a poco a los cincuenta y dos compatriotas que con ellos se jugaban la vida.  No era fácil conseguir tranquilizar a los tres supervivientes y se entiende. Hay que pasar por lo que ellos pasaron, o verlos sufrir como sufrían, para entender lo que esos tres jóvenes vivieron sobre una balsa de goma, que azotada por las olas y el viento, iba haciendo desaparecer bajos las aguas a sus parientes y amigos.
Y llegó la sensibilidad. Nos rasgamos las vestiduras ante la prensa, salimos a las calles a exigir soluciones, pero cuando no han pasado ni veinticuatro horas llegan unos servidores públicos con un papel que le entregan a los tres supervivientes en los que les dicen que han sido deportados a su país de origen, que todo lo que han sufrido hasta el momento no les ha servido para nada, que tendrán que volver a vivir una experiencia como la sufrida. De verdad no se les podría tratar con algo más de sensibilidad a estos tres hombres que viven gracias a un milagro.
Sin haber recobrado la tranquilidad tras la odisea en el mar, ya se les dice que serán devueltos en breve a su país. Sigamos rasgándonos la camisa, no dejamos de ser sepulcros blanqueaos.



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