La Voz de Almeria

Opinión

La intolerancia campa a sus anchas en la sociedad actual

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Los hoteles vetan a los diferentes, luego se arrepienten, pero el mal ya está hecho; en las discotecas no les dejan entrar a bailar un rato, luego se arrepienten; los vecinos de un barrio de la capital no ceden un local para el colectivo gay, luego se arrepienten; una peña taurina de Almería veta a un crítico porque no le gustan sus escritos. Aquí no hemos conocido el arrepentimiento, pero seguro que lo ha habido. Los políticos vetan y no invitan a según qué periodistas, tampoco les gustan lo que escriben. Y eso ocurre aquí y en cualquier rincón de la plurinacional España. Algo no debemos estar haciendo bien. Es de imaginar que estas historias son un reflejo de una sociedad que ha perdido algunos valores. ¡O la gran mayoría! Y eso sin entrar en las redes sociales, donde te pueden decir de todo, acordarse de tus ancestros más íntimos solo por escribir que no estás de acuerdo con lo manifestado por tal o cual político. Este apartado lo tenemos superado los que nos dedicamos a escribir en la prensa diaria, pero nos cuesta trabajo entender que se pueda vetar a un crítico taurino o un colectivo gay que iban a ofrecer una o dos conferencias. No está el mundo taurino como para andar con remilgos, pero vemos que ellos también andan con sus fobias. ¡Una pena! Pero la peña es de ellos, la pagan sus socios y si no quieren invitar a alguien, están en su derecho económico de no hacerlo, quedan como Cagancho en Almagro, pero allá ellos.
Lo de Asociación de Vecinos es más bastante grave. Se trata de un centro social público, un local cedido por la Guardia Civil a un colectivo de un barrio, y que lo menos que puede hacer su junta directiva es ponerlo a disposición de otros sectores de la población. Claro, siempre que no sean gays, deben pensar sus directivos. Si lo son, no se les deja. Dicen que han sido engañados, que se les dijo que era una conferencia, y no era totalmente cierto. Hoteles, discotecas, peñas, asociaciones de vecinos y otras entidades. Al diferente no lo quiere nadie, y cuanto más lejos mejor. Es una pena tener que escribir sobre estas cuestiones que no dejan de ser un mal reflejo de la sociedad en la que vivimos y de la que todos formamos parte. No nos pongamos de perfil y asumamos que parte de esa culpa que intentamos repartir la debemos tener también nosotros.



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