La Voz de Almeria

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La depresión es probablemente el trastorno psicológico más frecuente en la clínica actual. Es un problema de salud muy generalizado y puede llegar a ser incluso terminal. Vivimos en la era de la depresión y de los antidepresivos. 
A pesar de que la clínica maneja un nivel de conocimiento en relación con la diversidad de trastornos depresivos bastante amplio, para nada se corresponde con un conocimiento de las posibles causas que subyacen bajo dicha denominación, de hecho no existe ningún marcador biológico de la depresión como cabría esperar. ¿No será que la depresión sea más un asunto de la vida que de la biología?
Muchas de las personas que pasan de los 65 años lo hacen de una manera activa, satisfactoria e incluso confortable. No obstante, otras muchas viven esta etapa vital con leve, moderada e incluso severa dependencia limitando su calidad de vida y en ocasiones generando cierta sobrecarga física y emocional en su entorno. Estas situaciones conllevan un alto coste tanto económico, social y sanitario como emocional.
Envejecer conlleva una serie de aspectos negativos relacionados con cambios biológicos, psicológicos, sociales, económicos e incluso ambientales, aunque también existen aspectos positivos menos investigados. Vivimos más, aunque en ocasiones no mejor. Y la cuestión es, ¿cómo queremos vivir esos años? La vejez es vista con demasiada frecuencia como un terrible desierto. De hecho, todas las personas queremos vivir muchos años pero ninguna quiere ser vieja. Se nos olvida que hay que planificar el viaje. Un futuro atractivo atrae, entre otras cosas, la atención. Hoy en día en cuanto a la salud y los recursos, a menudo consideramos el futuro, comemos con cuidado y pensamos en planes de jubilación, es decir planificamos mejor nuestra vejez física, pero para el disfrute de la vejez se necesita una planificación distinta. 
Si bien es cierto, que la vejez puede conllevar una disminución de la actividad, pérdida de autoestima, retraimiento social, pesimismo, trastorno del sueño, vivencia de soledad, de vacío, de apatía, de ansiedad etc, características que básicamente son las mismas que caracterizan la sintomatología más habitual de la depresión, envejecimiento y depresión no van de la mano. Vivimos en una sociedad medicalizada y por tanto el primer recurso es el farmacológico puesto que está instaurado fuertemente y reforzado por intereses tanto de la gente como políticos y económicos. Intervenciones farmacólogicas que si bien en algunos casos pueden ser necesarias siempre han de ir acompañadas de intervenciones psicológicas como eje central del tratamiento. 
Muchos estudios muestran que intervenciones psicológicas de corte cognitivo-conductual e interpersonal resultan más eficaces a largo plazo e incluso más baratas. La depresión va más allá de la pura biología o de las cuestiones más físicas y/o fisiológicas, es una cuestión de nuestra biografía, de la propia vida y es por ello que el tratamiento psicológico es el de elección. 
Los seres humanos somos más que un cuerpo con requerimientos de sustancias artificiales que generan en un laboratorio con fin meramente lucrativo y sin tener en cuenta las consecuencias que su uso y abuso nos producen, siendo incluso a veces más el problema que la solución. Las personas estamos imbuidas en un determinado contexto socio-cultural y enredadas en un entramado social que hay que ir desenredando para que la vida sea vivida con plenitud. También es necesario intervenciones más estructurales, políticas y sociales, que garanticen y vayan en la dirección de que la vida vivida sea plena y en unas condiciones de calidad y de humanidad.



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