La Voz de Almeria

Opinión

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Entre las numerosas virtudes que, al ser llevadas al extremo acaban convirtiéndose en un defecto, el deseo de complacer al prójimo quizás sea la peor. El recordado Alcalde Cabrejas era un buen ejemplo de lo que digo. El bueno del Santi tenía verdaderos problemas para decir que no a alguien, y así, cuando unos muchachos solicitaron al Ayuntamiento una sala de la antigua Casa de la Juventud para dar una conferencia sobre la agricultura almeriense, no hubo ningún problema para su cesión. Lo malo es que los muchachos eran en realidad unos agentes difamadores a sueldo de una multinacional extranjera que, con la inestimable ayuda de un sindicato anarcomochilero, utilizaron la dependencia municipal para sembrar ante el público y la prensa el habitual repertorio de infundios sobre el modelo agrícola almeriense, que luego fue empleado por sus empleadores para alimentar la incesante labor de descrédito internacional del campo almeriense. Algo que podría haberse evitado mandando a hacer puñetas a los organizadores de un acto tan dañino para Almería. Y recuerdo esto ahora porque el Ayuntamiento de Madrid, ese ejemplo de gestión pluscuamperfecta para los podemitas, ha cedido un salón municipal al Presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, para ofrecer una conferencia sobre su enloquecido proyecto secesionista. Y uno entiende que el presidente catalán haya rechazado la invitación del Gobierno de ir a exponer eso mismo al Parlamento, más que nada porque es más confortable que un ayuntamiento amigo te preste una sala llena de palmeros para soltar tus majaderías, antes que debatirlo en un hemiciclo en donde quedaría retratado el alcance real de tu delirio. Pero como todo es empeorable, ahora sólo falta que el renacido Sánchez, el que no sabe qué es una nación, salga diciendo que Carmena es una referencia de diálogo y transversalidad.


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