El puntillo de uno
El puntillo de uno
Puede que una de las razones que acaben provocando la desazón de cuantos, desde distintos frentes, nos ocupamos del periódico relato de las cosas que van pasando en Almería, sea la sensación de actualidad cíclica o repetición secuenciada de hechos en una especie de perpetuum mobile informativo. Sin embargo, hay ocasiones en las que esta similitud alcanza cotas de perfección que la convierten en reflejo y espejo idéntico de noticias pasadas. Pero hay casos en los que ese juego de espejos tiene las luces esperpénticas del callejón de los gatos o del rincón en donde lo más surrealista es posible. Les digo esto porque yo no sé dónde estaban ustedes hace 23 años, pero yo estaba escribiendo de un tío que se plantó en las urgencias de Torrecárdenas con un cojinete enroscado en la picha. Pues bien, por sorprendente que les parezca, la hemeroteca se hizo portada hace un par de días cuando supimos que otro intrépido buscador de extravagancias manuales hubo de ser atendido en el mismo lugar y por el mismo problema, pero más de dos décadas después. Ya decía Heráclito que todo fluye, pero el puntillo de uno es el puntillo de uno. Lamentablemente, la Junta de Andalucía ha perdido una oportunidad estupenda de vendernos discurso social y buenas prácticas, porque no me digan que no habría sido hermoso ver al delegado de Salud felicitándose de que gracias a las políticas de reciclado de todas y todos se hubiera descubierto que el cojinete intervenido era… exactamente el mismo de la última vez. Así tendríamos a mano a otro ecohéroe del onanismo sostenible.