Josefa Zamora Blanes
Despedida a la abuelita Pepa
Javier

“El 25 de enero de 1920, Joaquín y Francisca iban a ser las personas más felices y con más suerte del mundo. Ese día nació su primera hija, Pepita, mi madre. A partir de ahí, los afortunados íbamos a ser todos los que entramos en su vida. Y por haber tenido la suerte de conocerla, nos ha dolido mucho perderla. Su generosidad, su bondad, su amabilidad y su cariño nos ha dejado una huella profunda. Ya no escucharemos su voz; ya no veremos su sonrisa, ya no sentiremos sus besos; ya no florecerán los geranios con sus cuidados; ya no hablarán con ella sus amigas de La Rambla, ni sus vecinos; ya no brillará su cara con su mejor collar; ya no se asomará por la ventana para despedirnos; ya no comeremos sus gachas; ya no presumirá de sus hijos, ni de sus nietos, ni de sus biznietos, ni de su yerno, ni de su nuera. Me gustaría que estas líneas reflejaran todo el amor que siento por ella, pero eso es imposible. Las palabras me parecen pocas y el sentimiento mucho. Sin embargo, no quiero despedirme sin compartir unos versos de Gabriela Mistral que reflejan lo que siento: Duerma en ti la carne mía, mi zozobra, mi temblor. En ti ciérrense mis ojos: ¡duerma en ti mi corazón! Javier, tu hijo”